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Lunes , 12.11.2018 / 19:13 Hoy

Vidas Ejemplares

Un hombre que adoraba los zapatos

José Luis Durán King

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En 1961 Anatoly Slivko caminaba por las calles de la ciudad Stávropol, cuando presenció un accidente de tráfico donde un adolescente perdió la vida de forma instantánea. La víctima vestía el uniforme de los Jóvenes Pioneros, un grupo parecido al de los boys scouts estadunidense.

A causa de la gasolina derramada en el asfalto, Slivko vio cómo el adolescente era devorado por las llamas. Algo que quedó grabando en su memoria fueron los pies del muchacho, cuyos zapatos ardían.

Por varias semanas, Slivko, quien estaba casado y tenía dos hijos, soñaba por las noches con la crudeza del accidente. Y esa imagen lo excitaba sexualmente.

Slivko llevaba una vida convencional primero como trabajador en la industria petrolera de la Unión Soviética y después como asistente en el Chergid, un club de adolescentes perteneciente a los Jóvenes Pioneros.

Los adolescentes varones eran la pasión de Slivko, una pasión perfectamente camuflada con su matrimonio, pues el hombre sabía lo peligroso que era aceptar la homosexualidad en la Unión Soviética.

Dos años después del accidente, Slivko continuaba obsesionado con el siniestro, por lo que decidió explotar la posición que tenía en el club de adolescentes para recrear sus fantasías.

Hizo una lista de elementos de entre 13 y 17 años que estaban bajo su tutela, y les habló de su proyecto cinematográfico. Uno por uno los invitó a jugar al bosque, donde los grababa y fotografiaba.

Los chicos debían presentarse a la cita vestidos con el uniforme de los Jóvenes Pioneros y con los zapatos perfectamente boleados.

Una vez que se había ganado su confianza los paraba en troncos y les enredaba una cuerda alrededor del cuello... y apretaba. La técnica de la asfixia controlada, Slivko la aprendió en el ejército.

Cuando los menores perdían el sentido, Slivko los desnudaba y acariciaba su cuerpo, los filmaba y fotografiaba en poses sexualmente sugestivas, para finalmente masturbarse.

El 2 de junio de 1964 Slivko apretó por más tiempo la cuerda y asesinó a Nikolai Dobryshev, de 15 años. El hombre fue presa del miedo y decidió desmembrar el cuerpo y quemarlo junto con la película y las fotografías que había tomado.

En mayo de 1965, el hombre cobró su segunda víctima: Aleksei Kovalenko. Antes de desmembrar y quemar el cuerpo, Slivko practicó actos de necrofilia.

Transcurrieron ocho años para que Slivko asesinara por tercera vez: Aleksander Nesmeyanov, de 15 años, fue su nueva presa.

El 11 de mayo de 1975 desapareció el adolescente de 11 años Andrei Pogasyan. La madre explicó a la policía que había visto a un hombre que grababa a su hijo desde la orilla del bosque. Aunque la señora señaló a Slivko, las autoridades indicaron que el hombre había ganado dos premios por sus cortometrajes, por lo que era imposible que secuestrara a un menor.

La fiscal Tamara Languyeva creyó la versión de la señora Pogasyan y comenzó a seguir de cerca las actividades del individuo.

Durante 22 años, los juegos sexuales de Slivko involucraron a 43 adolescentes, de los cuales 36 fueron filmados y fotografiados, y siete murieron asesinados.

El 23 de julio de 1985, Sergei Pavlov, de 13 años, salió de su casa y, al despedirse, anunció que se reuniría con Slivko. Sergei no apareció vivo, pero su muerte condujo a la detención del asesino de adolescentes.

En la revisión del apartamento de Slivko, los agentes encontraron decenas de zapatos, filmes y fotografías de menores desnudos. Un detalle que desconcertó a los investigadores fue que muchos de los zapatos mostraban cortes irregulares, evidencias de haber sido serruchados.

La policía no pudo determinar si la acción del serrote se produjo cuando los adolescentes aún estaban vivos.

operamundi@gmail.com

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