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Jueves , 18.10.2018 / 05:23 Hoy

Un asesino serial poco conocido

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En agosto de 1976, Trevor Hardy fue detenido, culminando así un reinado de terror de 15 meses en el que fueron asesinadas tres jóvenes. Fue una época en la que las autoridades locales solicitaban, a través de la radio y la televisión, que las mujeres extremaran sus cuidados y no salieran solas a la calles.

El miedo estaba justificado: dos asesinos seriales que habitaban la noche habían elegido a las mujeres de Inglaterra para practicar en ellas sus rudimentarias habilidades quirúrgicas. Uno de los asesinos fue Trevor Hardy, a quien la prensa llamó La Bestia de Mánchester. El otro era Peter Sutcliffe, El Destripador de Yorkshire.

Pese a la ola de temor que Hardy provocó, fuera de Mánchester su nombre y sus actividades criminales son poco conocidas y están casi en el olvido.

No siempre fue así… Años después de que Hardy fuera detenido, Mánchester era una ciudad sitiada por los rumores, muchos de ellos relacionados con la libertad que presuntamente ya gozaba Trevor Hardy.

Hardy recibió tres sentencias de por vida y el juez se encargó de dejar en claro que la libertad sería casi imposible de alcanzar para el convicto, al señalar: “Esta área [Mánchester] es un lugar feliz. Pero será más feliz sin usted”.

El último día de 1974, Lesley Janet Stewart, de 15 años, caminaba a encontrarse con su novio. Lo que encontró fue la muerte cuando Hardy la atacó, arrastrándola a un lugar oscuro, donde, después de violarla, le rebanó la garganta con un puñal. El hombre decidió enterrarla en una tumba a flor de tierra.

En las semanas siguientes, Hardy regresó al lugar del crimen para mutilar partes del cuerpo de la joven, las que llevó consigo para enterrarlas en lugares más aislados. Finalmente, la cabeza de Stewart fue arrojada a un lago.

Transcurrieron 20 meses para que el rompecabezas de la desaparición de Stewart fuera resuelto por la policía. En ese lapso, Hardy se dio el lujo de regalar el anillo que robó al cadáver de Stewart a una joven con la que estaba quedando bien.

En julio de 1975, Wanda Skala, de 18 años, quien trabajaba en un bar, fue asesinada a unos 500 metros de su hogar. La joven fue atacada con un ladrillo. Su agresor le arrancó la ropa, la violó y estranguló con una prenda de vestir.

Antes de enterrarla, Hardy arrancó de una mordida uno de los pezones de la mujer. Por varios días, el asesino guardó como “trofeos” la bolsa de mano y algunas prendas ensangrentadas de Wanda.

En marzo de 1976, Sharon Mosoph regresaba a casa. Al pasar por un centro comercial vio a un hombre que intentaba robar en un centro comercial. Se trataba de Trevor Hardy, quien, sin previo aviso, apuñaló en varias ocasiones a la adolescente. Tras desnudar y estrangular a Sharon, le arrancó un pezón de un mordisco y arrojó el cuerpo al canal Rochdale.

Cuando el miedo impuesto por La Bestia de Mánchester alcanzó niveles de psicosis, la policía inició una cacería humana en la que fueron detenidas e interrogadas 23 de mil personas. Debido a que las autoridades tenían registrada la mordida del asesino, Hardy se limó la dentadura para evitar su detención definitiva.

Entre los asesinatos de sus dos últimas víctimas, Hardy había atacado a la joven Christian Campbell, de 26 años, quien perdió parte de su lengua en el forcejeo con su agresor pero logró salvar la vida y ofrecer datos que llevaron a la captura del asesino.

Hardy nunca expresó remordimiento por sus actos, tampoco insistió en obtener su libertad condicional. Él sabía quién era y lo que era capaz de hacer. El 23 de septiembre de 2012 sufrió un ataque al corazón en su celda de la Prisión Wakefield. Dos días después, en el completo olvido, La Bestia de Mánchester murió en un hospital.

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