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Martes , 25.09.2018 / 15:07 Hoy

Vidas Ejemplares

Un arma, la mejor prenda de vestir de las mujeres

José Luis Durán King

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Por mucho tiempo las armas fueron una obsesión masculina. Las cosas han cambiado. Una investigación realizada por Marie Claire, revista estadunidense dirigida al público femenino, concluye que las mujeres se sienten más seguras "al portar un arma".

Películas, programas de televisión y también los cómics han vuelto normal el paisaje social de las mujeres armadas, seductoras y peligrosas, al estilo Lara Croft, Viuda Negra o Harley Queen, las heroínas de la cultura pop.

Por supuesto, la atracción que las mujeres sienten por las armas no pasó desapercibida para la Asociación Nacional del Rifle estadunidense, que de unos años a la fecha echó a andar un canal con la leyenda "Armadas y fabulosas".

Asimismo, en Twitter el hashtag #NRAwomen muestra decenas de mensajes como "An attack on my rights is an attack on every right" (Un ataque a mis derechos es un ataque a todo derecho) o "Protection, independence drive increase in armed women" (La protección aumenta el deseo de independencia en las mujeres armadas).

Otro eslogan, acompañado por la imagen de una atractiva rubia con lentes oscuros, es más directo: "La mejor prenda que una chica puede vestir es su arma".

La Asociación Nacional de Rifle es quizá la cámara más poderosa en Estados Unidos. Lleva años enfrentando demandas de sociedad y gobiernos que no rasguñan siquiera su monolitismo legal. Sus mensajes publicitarios apelan al derecho de sus ciudadanos a tener las armas que gusten y al pasado violento de una sociedad que construyó una nación con el arma en la mano.

Una amplia mayoría de la ciudadanía masculina de Estados Unidos se identifica con esa publicidad. Y ahora las mujeres simpatizan con mensajes como "Cuando huir no es la opción" o "Si una chica quiere ser una leyenda..."

Las estadísticas son frías pero reveladoras: en más de una de cada 10 mujeres estadunidenses —de acuerdo con la investigación de Marie Claire— posee un arma, al tiempo que una tercera parte de las mujeres norteamericanas vive en un hogar donde hay al menos un arma de fuego.

Como sucede en toda la Unión Americana, las armas se adquieren para protegerse de extraños, para aumentar la seguridad en el hogar, y terminan detonándose al interior del mismo, con el segmento femenino en el papel de víctima: 94% de las mujeres estadunidense son asesinadas por algún familiar o conocido.

Ahora que la mujer norteamericana representa un segmento importante en la compra de armas, la conducta de asesinas masivas como Brenda Spencer ha adquirido un tamiz distinto, también quizá de víctima.

La mañana del 29 de enero de 1979, Brenda, de 16 años, se levantó con una sola idea: disparar a los niños de la Escuela Elemental Cleveland, en San Diego, California.

Un reportero llegó al lugar, ubicó el inmueble de donde provenían los tiros y llamó por teléfono. Brenda tomó el auricular y dijo que era ella la que estaba disparando. "¿Por qué?", preguntó el periodista. "Porque los lunes son muy aburridos y quería animarme el día", fue la respuesta de la chica.

Después de siete horas, Brenda Spencer se entregó a la policía. El saldo al terminar la jornada fue de dos muertos y nueve heridos.

Spencer fue condenada a 25 años de prisión. Han transcurrido 37 y sigue tras las rejas. Con el paso del tiempo se ha puesto énfasis en un hecho que en ese entonces fue poco considerado. Como regalo de Navidad la adolescente había pedido un aparato radiofónico. Su padre, un alcohólico que abusaba sexualmente de ella, le regaló un rifle semiautomático Ruger del calibre .22 y el parque suficiente para un tiroteo de varias horas.

Ella posteriormente declararía: "Creo que papá quería que me suicidase".

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