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Martes , 18.09.2018 / 17:56 Hoy

Vidas Ejemplares

Mamá caníbal

José Luis Durán King

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Klara Mauerova (Checoslovaquia, 1975) siempre tuvo inclinaciones místicas. Decía que había venido al mundo con una misión asignada por Dios. La hermana de Klara, Katerina, andaba por las mismas, pese a que ambas cursaron la universidad.

Klara fue la primera en dejar la casa paterna y lo hizo juntándose con un hombre “de vida sexual tórrida”, con quien tuvo dos hijos, Ondrej y Jakub, antes de que la unión se disolviera.

Ya separada, Klara se centró en la crianza de sus hijos, a los que adoraba. Para no sentirse sola, invitó a su hermana a vivir con ellos. La familia creció aún más cuando Klara y Katerina conocieron en 2007 a Barbora Skrlová, una mujer de 33 años, con una enfermedad glandular que la hacía parecer una adolescente de 12 años.

Barbora era una persona violenta, cliente habitual de hospitales psiquiátricos.

De acuerdo con el especialista Zdenek Basný, quien atendió a la mujer en un apartado de tratamiento de enfermedades mentales, “toda la historia de Barbora Skrlova está rodeada por un enigma en el que ella participa de manera extraña. No hay una explicación clara, pero mi hipótesis es que se trata de una distorsión con trastorno mental grave de identidad”.

La presencia de Barbora en la casa de las hermanas transformó incluso el trato que Klara daba a sus hijos. Asimismo, convenció a Klara y Katerine a que ingresaran al Movimiento del Grial, un culto que seguía los preceptos creados entre 1923 y 1938 por el alemán Oskar Ernst Bernhardt, quien explicaba que una persona puede llegar al cielo haciendo buenas cosas en la tierra.

Entre esas “cosas buenas” figuraban liberarse de los tabúes sociales como el incesto, el canibalismo y el asesinato. Para completar el cuadro, el líder del movimiento al que se incorporaron las hermanas se hacía llamar El Doctor, un entusiasta activista a favor de la esclavitud, el abuso infantil y la promiscuidad sexual.

Quien llevó a cabo al pie de la letra los mandatos del Movimiento del Grial fue Barbora, quien comenzó a regañar por cualquier cosa a los hijos de Klara, la cual no tuvo el carácter para frenarla.

La violencia hacia los hijos de Klara fue en aumento. Barbora sugirió que, para controlar la conducta de los niños, éstos debían ser encerrados en una jaula. Fue la propia Klara la que acudió a un herrero a encargar la tarea.

Dentro de la jaula, controlado por un circuito cerrado, los menores eran vigilados, bañados a chorro de agua fría, golpeados, recibían descargas eléctricas, quemaduras con cigarros… pero lo peor estaba por llegar.

La maldad de Borbora no tenía límites. Se le ocurrió que era una buena idea alimentar a los niños para que ganaran peso. Cuando se logró el objetivo, las mujeres le pidieron al mayor de los hermanitos, Ondrej, de ocho años, que sacara la pierna por entre los barrotes.

El menor obedeció, las mujeres sujetaron la extremidad y Karla fileteó parte de la pierna. Los gritos del niño aumentaron cuando vio que su carne era devorada.

Casi un año después de que comenzara el cautiverio de los niños, un matrimonio con un recién nacido alquiló la casa contigua a la de las brujas modernas.

Para no perder de vista a su bebé, el padre colocó un monitor de televisión. Cuando intentaba sintonizar la señal una imagen apareció: la de los niños torturados, quienes fueron rescatados de una jaula rebosante de orines y excremento.

El martirio de Ondrej y Jakub es considerado el mayor caso de tortura infantil en la historia de la antigua Checoslovaquia. Las hermanas Mauerova fueron condenadas a prisión. Barbora se hizo pasar por la hermana de los niños y logró escapar hacia Noruega, donde fue detenida semanas después. Ella recibió una condena mayor.

operamundi@gmail.com

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