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Martes , 19.06.2018 / 19:31 Hoy

Vidas Ejemplares

Legiones "ciber" y asesinos

José Luis Durán King

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Hipnótico… así es el horror. Así es el video que registra los últimos movimientos coordinados del menor Federico, quien aparece sentado en su pupitre, solo, observando, antes de atacar con determinación de kamikaze. Sus compañeros platican, la maestra de química de tercer grado de secundaria reparte unos trabajos... quizá esas acciones cotidianas sean las últimas que hayan hecho en su vida.

El video del ataque perpetrado en el Colegio Americano del Noreste de Monterrey el 18 de enero ha sido repudiado por gran parte de la ciudadanía mexicana, aunque no todos lo hayan visto. Otros han defendido el derecho a la información, el Presidente ha invitado a la reflexión, una invitación ausente en otros episodios sensibles que han golpeado a la nación.

Se han abierto varios debates, entre ellos, y sobre todo, el de las redes sociales, internet y los videojuegos. La tecnología causa el mismísimo temor que provocaba en el siglo XVIII, con la salvedad de que estamos en la centuria XXI. ¿Qué facción de los muchos siglos que conviven en una sociedad como la nuestra saldrá airosa? ¿La dominica? ¿La generación zeta? ¿Los políticos y sus retóricas? ¿Los adolescentes con su tecnolenguaje que busca perennemente una identidad tribal?

Las masacres de estudiantes perpetradas por estudiantes eran insólitas en México hasta que apareció en un video de filtración desconocida Federico, de 15 años, disparando a condiscípulos que ni siquiera odiaba, a los que veía diario y con los que incluso charlaba en ocasiones… para finalmente colocar una bala en su cerebro.

Su acción homicida detonó serios cuestionamientos sociales. Levantó una tolvanera de prejuicios que difícilmente se dirimirán en el corto plazo.

En la primera década de los años 90, correspondió al asesino serial Danny Rolling inaugurar la presencia oficial de este tipo de criminal en internet, aprovechando la lucha exitosa que libraron varios abogados y activistas opositores a la pena capital de EU por crear en la red sitios domésticos con el propósito de que los inquilinos de los corredores de la muerte pudieran compartir libremente sus pensamientos más íntimos.

El propósito era que el mundo viera que bajo la piel del monstruo habitaba un ser humano, muchas veces incluso sensible. El experimento no resultó como esperaban los entusiastas que lo apoyaron. Los asesinos seriales, después de todo, no son tan domesticables.

Algo similar ha sucedido con el menor Federico. Luego de que se declarara su muerte en un hospital de Monterrey, sus supuestos vínculos con un grupo cerrado de Facebook comenzaron a causar escozor.

Inicialmente, Aldo Fasci, vocero del Grupo de Coordinación de Seguridad de Nuevo León, señaló que el joven, alumno regular del colegio, estaba en tratamiento psicológico por depresión. Para la noche, el mismo Fasci anunció que no proporcionaría más información pues ésta estaba provocando muchas especulaciones.

No eran tantas. Lo cierto es que Fede —como lo llamaban sus correligionarios— advirtió a través de un chat lo que haría al día siguiente. De hecho, indicó a sus amigos que, si todo salía bien, lo recordaran con la canción Pumped up Kicks de la banda Foster The People, cuya letra es un himno para muchos adolescentes, inspirado en la masacre perpetrada por los menores Eric Harris y Dylan Klebold el 20 de abril de 1999 en la Columbine High School, Colorado.

Nunca hubo depresión en Federico Guevara sino una búsqueda de un espacio familiar del que carecía, de una tribu, de una facción, de un lenguaje, de un acto épico.

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