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Lunes , 16.07.2018 / 02:09 Hoy

Vidas Ejemplares

La muerte conducía un Uber

José Luis Durán King

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El 14 de febrero de este año, Sara Reynolds, de 25 años, y un amigo acordaron ir al cine para celebrar el Día de San Valentín. Por medio de la aplicación de Uber solicitaron un servicio local en Kalamazoo, en el estado Michigan, Estados Unidos. El conductor, Jason Dalton, de 45 años, se comportó de forma amable, pese a que no era muy buen conductor.

Dalton preguntó a la pareja qué película habían elegido. Sara respondió: "Deadpool". El hombre explicó que recientemente la había visto en compañía de sus dos hijos y que sí, era de lo mejor que había disfrutado en los últimos años.

A la pregunta de si le gustaba ser un conductor de Uber, Dalton respondió que le agradaba, aunque últimamente el servició había recibido muy malos comentarios, pero que provenían, sobre todo, de borrachos impertinentes.

Seis días después, por la tarde del 20 de marzo, la novia de uno de los clientes de Jason Dalton posteó una "línea de desastre" en su página de Facebook. La acción comenzó después de las 17:00 horas, cuando el pasajero llamó al 911 para reportar que el conductor del auto parecía fuera de sí, que manejaba a exceso de velocidad y que no habían chocado de milagro, pues había pasado rozando otro vehículo. Solo que no hubo una respuesta inmediata del 911.

La comunicación con su novia mediante teléfono móvil permitió a la mujer subir una advertencia, que decía: "¡ATENCIÓN! Este chofer de Uber llamado Jason, que maneja un Chevy Equinox plateado, no es un viaje seguro! Desde hace un rato, mi prometido va de pasajero con él, y maneja erráticamente".

La mujer también escribió que Jason Dalton, manejando a más de 120 km por hora había ingresado a una arteria vial en sentido contrario, pasándose los semáforos en luz roja. Cuando el conductor frenó un poco, el pasajero bajó del vehículo y se alejó a toda prisa. Eran las 17:30 horas, de acuerdo con el último mensaje en Facebook de la mujer.

A las 17:40 horas, aproximadamente, el señor Dalton se bajó de su auto, caminó hacia una mujer que estaba frente a una finca llamada The Meadows y le disparó varias veces. Dos menores que acompañaban a la mujer resultaron ilesos. La víctima sobrevivió al ataque.

Cerca de las 19 horas, un vecino vio a Jason Dalton estacionar en el garaje la unidad que había manejado durante el día. El conductor de Uber platicó un rato con su esposa y sus dos hijos, abordó otro auto y se fue "a trabajar".

La policía había recibido el reporte de la mujer baleada y varias patrullas buscaban la unidad que los testigos habían reportado y que Dalton había ocultado en su casa. Mientras las autoridades buscaban afanosamente, el conductor de Uber hizo unos servicios más de Uber, sin que se reportaran incidentes.

Sin embargo, casi a las 23 horas la furia volvió, esta vez de forma letal. Dalton llegó a una concesionaria de automóviles, donde disparó y mató a dos personas. Minutos después apareció en un restaurante Cracker Barrel y baleó a cinco personas que estaban dentro de un vehículo en el estacionamiento. Cuatro de ellas murieron. La policía recabó en el lugar más de 30 casquillos de pistola.

Cerca de la medianoche, la dispersión de la masacre perpetrada por Jason Dalton cesó tal y como había comenzado: sin un porqué.

Al día siguiente, al mediodía, Jason Dalton fue detenido en su domicilio. Los testimonios de familiares y vecinos salieron a la luz. Que si era un buen padre, que si era el mejor de los vecinos, que si era el mejor esposo, que si últimamente anda deprimido y con el ánimo decaído, que si le gustaban las armas...

Lo cierto es que el individuo, prácticamente en cinco horas, cubrió un área de 20 kilómetros en la que asesinó a sangre fría a seis personas, las cuales simplemente —como dijo Dalton— "estaban disponibles".

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