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Vidas Ejemplares

La abuela es caníbal

José Luis Durán King

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Tamara Samsonova decía que era una actriz, además que era graduada de la Academia de Ballet Vaganov. En realidad, la mujer de 68 años, residente de San Petersburgo, Rusia, era una pensionista, ex trabajadora de hotel, que hace unos días fue captada por una cámara de seguridad CCTV cargando unas bolsas negras de basura que contenían partes corporales humanas.

Los restos pertenecían a Valentina Ulanova, de 79 años, a quien Samsonova “cuidaba”. Tras una discusión, al parecer por unos platos sucios, la pensionista decidió disolver unas píldoras para dormir, que ofreció en una bebida a Ulanova. Cuando ésta estuvo profundamente dormida, Samsonova desmembró el cuerpo para deshacerse de él en una calle de la ciudad.

El video de Samsonova y sus bolsas negras se hizo viral en YouTube, por lo que no transcurrió mucho tiempo antes de que la policía rusa la detuviera.

Al registrar la vivienda de la mujer de 68 años, los investigadores hallaron en el piso del baño una sierra, un cuchillo y manchas de sangre. Pero también encontraron un diario escrito en alemán, ruso e inglés en el que con lujo de detalle Samsonova narraba al menos otros 10 homicidios y desmembramientos.

De acuerdo con el pormenorizado registro personal de la mujer, la mayoría de los homicidios ocurrieron hace unos 20 años, aunque también hay fechas que datan de hace casi una década. Así, las autoridades rusas descubrieron que en la calle en la que Samsonova tiró los restos de su víctima más reciente, hace 12 años la homicida serial se deshizo del cuerpo de un hombre al que faltaban cabeza, brazos y piernas.

La investigación en curso ha arrojado que el cadáver del hombre correspondía al de un individuo de 44 años, nativo de Norilsk, a quien Samsonova le rentó una habitación hasta septiembre de 2003, cuando fue asesinado, aunque en ese entonces la policía no vinculó a la mujer con el crimen.

Otra posible víctima de la anciana es el marido de ésta, quien desapareció en 2005 sin dejar rastro. Hasta la fecha se desconoce el paradero del cónyuge y su nombre tampoco aparece en el diario de Samsonova.

Inicialmente los medios rusos llamaron al caso de Samsonova “Pesadilla en la calle Dimitrova”, por ser la calle donde se ubicaba el domicilio de la mujer; sin embargo, el análisis del diario de la homicida sugiere que la aparición de los cuerpos decapitados, sin brazos y piernas, además de la remoción de órganos internos y la ausencia de pulmones, tiene que ver con que esas parte fueron devoradas por la anciana, quien todo parece indicar, siente predilección por el consumo de pulmones.

El diario de La Abuela Caníbal, como ahora la denomina la ola mediática que ha levantado la mujer, ha servido para que la policía vincule la información con casos que permanecían sin resolver. En un párrafo, por ejemplo, Samsonova narra uno de sus crímenes: “Maté a mi inquilino Volodya, lo corté en pedazos en el baño con un cuchillo, coloqué las partes en bolsas de plástico y me deshice de ellas en diferentes partes del distrito Frunzensky”.

En la narración de sus crímenes, Samsonova intercalaba frases de su vida cotidiana como “dormí mal”, “tomé café”, “tomé mis medicinas” y “hoy no comí”.

Durante la conferencia con los medios después de ser detenida, la abuela explicó que estaba muy preocupada por su reputación y por lo que pensarían de ella sus vecinos ahora que se habían enterado de la naturaleza de sus crímenes.

Finalmente agregó ante los estupefactos reporteros: “Me estuve preparando por docenas de años para esta acción judicial. Todo se hizo de forma deliberada. No se puede vivir así. Con este último asesinato [el de Valentina Ulanova] cerré el capítulo”.

operamundi@gmail.com

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