• Regístrate
Estás leyendo: Hija de asesino serial
Comparte esta noticia
Sábado , 15.12.2018 / 00:02 Hoy

Vidas Ejemplares

Hija de asesino serial

José Luis Durán King

Publicidad
Publicidad

Los medios de comunicación han convertido al asesino serial en la estrella de un espectáculo donde el infractor vive en una especie de estado de gracia, libre de pecado, libre de culpa.

Un sector importante del público muestra un interés que raya en la fascinación por la conducta de estos individuos, cuyas andanzas lo mismo se pueden leer en periódicos, revistas y portales de internet que ver en televisión, en la computadora o en el cine.

Solo que detrás de los registros de la cultura pop —donde los asesinos seriales cuentan con foto y biografía— están las víctimas, personas reales que murieron, familiares que sobreviven en la ignominia, literalmente, en un anonimato vergonzante a causa de las acciones de un homicida reiterativo.

Es el caso de Jennifer Carson, la hija de James Carson, un hombre tranquilo que al casarse con Suzan Barnes y después de prolongadas sesiones de consumo de drogas aceptaron la misión que les ordenó un “profeta”: matar a los brujos que se ocultaban bajo el disfraz de normalidad de las personas.

James Carson conoció a Suzan Barnes en una fiesta en 1978. El flechazo fue mutuo e inmediato, los cambios en la personalidad de James, también.

De acuerdo con Jennifer Carson, su padre era un hombre de familia con maestría en filosofía china. Vivían en Phoenix, Arizona. El viraje fue total al conocer a Suzan.

“Mi padre se convirtió en una persona diferente con Suzan. Ahora tenía un nuevo nombre, una nueva personalidad, una nueva vida. Abandonó el nombre de James Clifford Carson y adoptó el de Michael Bear Carson. Nunca más volvió a ser el hombre atento, cariñoso y hogareño que yo recordaba. Mi padre me acariciaba el cabello y me leía libros. Michael Bear apenas si volteaba a verme”, señaló Jennifer en una entrevista.

Después de contraer matrimonio, los Bear viajaron a Europa gracias a un fideicomiso de Suzan y al regresar se establecieron en la capital del hipismo en San Francisco, California: el distrito de Haight-Ashbury, donde consumían grandes cantidades de LSD.

Fue en la habitación de un motel de San Francisco donde un “profeta” se apareció a los Bear para revelarles qué brujos no eran del agrado de Dios, por lo que el matrimonio debía matarlos. Por cierto, la lista incluía el nombre del presidente estadunidense Ronald Reagan.

Entre 1982 y 1983, los Bear asesinaron a tres personas en el norte de California y en el área de la Bahía de San Francisco. Desde que la pareja fue detenida, sin embargo, la policía especuló que la cifra de víctimas mortales puede ser más amplia, en caso de que hubiera más víctimas en los lugares de Europa que visitaron.

Jennifer Carson tenía ocho años cuando se enteró que su padre y la esposa de éste habían asesinado a tres personas, que eran apodados Los Cazadores de Brujos de San Francisco y que ambos habían sido condenados a 75 años de prisión.

Jennifer creció cargando un fardo pesado de culpa, aunque decidió no ocultarse de la gente ni cambiar su apellido. “Yo elegí no esconderme”, explica.

Una visita a su padre en prisión dio la clave a Jennifer sobre las decisiones que debía tomar en el futuro. A los 19 años estuvo frente a su padre, al que no había visto desde que fue arrestado en 1983. “Fue como mirar a los ojos de alguien que carece de alma. Mi padre es maldad pura”.

A partir de entonces, Jennifer es una activista feroz que lucha cotidianamente para evitar la posible libertad bajo palabra de su padre y su esposa. Asimismo, hace unos días la mujer ahora de 43 años anunció que está dispuesta a proporcionar su ADN para resolver algunos casos fríos que datan de la visita que los Bear realizaron a Irlanda. La propuesta está en la mesa.

operamundi@gmail.com

www.twitter.com/compalobo

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.