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Miércoles , 15.08.2018 / 14:39 Hoy

Vidas Ejemplares

Fantasmas de desierto

José Luis Durán King

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El hallazgo, en 1999, de 11 cuerpos de prostitutas, sacó a la luz el lado más oscuro de Albuquerque, Nuevo México. En un área desértica de casi 4 mil metros cuadrados, la policía local dedicó varias semanas primero a rescatar los cuerpos y después a intentar identificarlos.

Con un rango de edades de 15 a 32 años, la mayoría de las mujeres era de origen hispano. Solo una de ellas era afroamericana. Muchas de ellas eran consumidoras de drogas.

El episodio de los 11 cuerpos desenterrados es el peor que ha enfrentado la policía de Albuquerque, al grado que la prensa local lo denomina “el crimen del siglo”.

Lo anterior no significa que dicha ciudad de Estados Unidos esté exenta de delitos. Todo lo contrario: Albuquerque presenta una tasa de crímenes violentos que dobla el índice nacional.

De hecho, en el rubro de desaparición de prostitutas, antes del hallazgo de las 11 tumbas las autoridades registraban los nombres de 16 sexoservidoras de las que simplemente no se sabía nada, y que como bien señala Grace Wyler en su artículo “Who Is the West Mesa Bone Collector?”, publicado en septiembre de este año, es el primer signo de la actuación de un asesino serial en la zona.

Para las autoridades, los medios y el público —descontando los familiares de las víctimas—, la posible actuación de un asesino serial de sexoservidoras ha recibido muy poca atención.

No sorprende la actitud anterior. De acuerdo con cifras liberadas por el FBI en 2011, desde 1985 tres cuartas partes de las víctimas de los homicidas seriales han sido mujeres, la mayoría entre los 20 y 30 años, y gran parte de ese grupo eran prostitutas. Y lo que sucede en el entorno nacional se refleja a escala local: el destino que enfrentan las trabajadoras sexuales no permea fácilmente a la sociedad.

El equipo forense que ha laborado en los 11 cadáveres escribió en su reporte que la causa de la muerte de las mujeres fue “violencia homicida”, un manera peculiar de indicar que se desconoce cómo murieron las prostitutas.

Casi un año después de que el 2 de febrero de 2009 una mujer acudiera con la policía para reportar que su perro había encontrado lo que parecía ser un hueso humano, las autoridades de Albuquerque dieron a conocer las fotografías de siete mujeres no identificadas que posiblemente formaban parte del grupo de cuerpos hallados en las 11 tumbas.

Sin embargo, una de ellas, de acuerdo con sus familiares, murió a causa de una enfermedad, y otra fue encontrada viva.

Pese a que las autoridades guardaron celosamente el secreto de cómo habían obtenido las fotografías, las investigaciones de la prensa local dieron a conocer que las imágenes guardaban relación con dos sospechosos.

Y era cierto: dos presuntos asesinos estaban bajo investigación. Fred Reynolds era un proxeneta que tenía en su poder varias fotografías de prostitutas cuyo paradero se desconocía. Pero no hubo tiempo de que los agentes conversaran con el individuo, pues murió antes siquiera de que las 11 tumbas fueran descubiertas.

Lorenzo Montoya, asiduo parroquiano de distritos rojos, vivía muy cerca del lugar en el que fueron encontrados los cadáveres de las prostitutas. Solo que, como en el caso de Reynolds, las especulaciones fueron retrospectivas, pues a finales de 2006 el hombre estranguló a una prostituta adolescente en su casa rodante, y el novio de la menor, al saber lo que había ocurrido, ejecutó a balazos a Montoya.

El Departamento de Policía de Albuquerque tiene hipótesis para dar y repartir en torno a los homicidios de prostitutas. Una de ellas es que el homicida apareció en la zona, trabajo en ella y después se marchó, lo que, de ser cierto, un homicida serial cubre horas extras en otro estado.

operamundi@gmail.com

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