• Regístrate
Estás leyendo: El necropolista
Comparte esta noticia

Vidas Ejemplares

El necropolista

José Luis Durán King

Publicidad
Publicidad

Entre el verano de 1848 y marzo de 1849, varios cuerpos fueron exhumados y mutilados en los cementerios Montparnasse y de Père-Lachaise, en París. Después de 15 cuerpos profanados, el 10 de julio de 1849 las autoridades desplegaron guardias en los camposantos para detener al criminal que la gente llamaba El Vampiro de Montparnasse.

Después de un enfrentamiento a tiros, el elusivo profanador fue detenido en un hospital. Resultó ser un sargento del ejército francés: François Bertrand.

Un consejo de guerra condenó al sargento Bertrand a un año de prisión por “violación de sepultura”, de acuerdo con el artículo 360 del Código Penal local.

En realidad, el sargento Bertrand no era un vampiro: era un entusiasta necrófilo que buscaba cadáveres frescos a los que sacaba de sus tumbas con el propósito de violarlos, desentrañarlos con su espada y untar su rostro en los jugos corporales. Al marcharse dejaba tras de sí un reguero de vísceras malolientes.

No todos los necrófilos son asesinos. Son criminales por infringir normatividades establecidas, como la profanación de sepulturas, mutilación de cuerpos y violación de cadáveres.

Asesinos que practican la necrofilia ha habido muchos, entre ellos el prominente Ted Bundy, que no solamente violaba a las mujeres en estado agónico. En el bosque de la montaña Taylor, en el estado de Washington, la policía halló un paraje donde el infractor había montado una especie de galería de arte-objeto con cuerpos de mujeres en distintas posiciones sexuales.

Bundy visitaba regularmente ese paraje. Lo hacía con un solo objetivo: tener sexo con los cadáveres. El aroma a descomposición lo desquiciaba.

Por supuesto, el rey de los necrófilos es sin duda el introvertido Ed Gein, el taxidermista más famoso de Wisconsin.

Gein mató a dos mujeres, una de ellas fue encontrada por la policía colgando de los pies, decapitada y abierta en canal, eviscerada.

Tras una revisión minuciosa de la granja, la policía encontró una verdadera bodega de utensilios, mobiliario y prendas de vestir, todo finamente elaborado con piel y huesos humanos. Imposible saber cuántos cadáveres utilizó el individuo para decorar su casa. Lo que es un hecho es que la materia prima Gein la obtuvo profanando diversos cementerios.

Un poco más cercana en el tiempo es un caso que ocurrió en 2011 en Nizhni Nóvgorod, la quinta ciudad más grande de Rusia.

Una escueta noticia dada a conocer por un sitio de noticias local llamado Crónica Criminal fue el preámbulo de una pesadilla: “El departamento del Ministerio del Interior de combate contra crimines violentos ha descubierto aproximadamente 28 cuerpos momificados de mujeres adolescentes de entre 12 y 16 años, en tres habitaciones del apartamento que pertenece a un científico de 45 años”.

Los cuerpos momificados, convertidos en muñecas, pertenecían, no solo adolescentes, sino también a niñas de dos años.

El extraño juguetero resultó ser Anatoly Moskvin, especialista en temas de ocultismo, historiador, autor de libros sobre toponimia y onomástica, y docto en los cementerios de Rusia, pues había visitado y estudiado casi 750 de ellos.

Moskvin sentía tal fascinación por las niñas que profanó decenas de tumbas de menores. En su departamento realizó el proceso de momificación y fabricación de “muñecas”.

Los restos momificados eran vestidos con ropa diferente. Un elemento común en todos los cuerpos era el rostro envuelto en una delgada tela.

Pese a su inclinación por los cuerpos muertos, Moskvin no se consideraba un necrófilo. Él decía ser un “necropolista”, es decir, un especialista en cementerios y las circunstancias que rodean a los lugares del descanso a perpetuidad.

operamundi@gmail.com

www.twitter.com/compalobo

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.