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Vidas Ejemplares

El asesino que no era Winnie Pooh

José Luis Durán King

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El 23 de junio de 2012, las autoridades de la ciudad siberiana de Angarsk detuvieron a un hombre lobo, o al menos así es como denominaba la prensa de la época al ex policía Mikhail Popkov, quien simple y sencillamente no comprendía por qué las prostitutas abandonan a sus hijos para irse de fiesta “como si fuera el último día en la Tierra”.

Meter al orden a las sexoservidoras se convirtió en la cruzada personal de Popkov. Los resultados de su misión se pueden resumir de la manera siguiente: de 1992 a 2010, El Hombre Lobo de Angarsk acabó con la vida de 82 mujeres, la mayoría de ellas prostitutas.

El 28 de abril de 2016, las fuerzas judiciales de la ciudad siberiana de Novosibirsk detuvieron a Evgeniy Chuplinsky, de 51 años, sospechoso del asesinato de 19 mujeres, todas ellas prostitutas. Al igual que Mikhail Popkov, el señor Chuplinsky había trabajado como policía y era siberiano.

Durante casi dos décadas, Chuplinsky trajo en jaque a los investigadores, que enfrentaron a un fantasma que gustaba mutilar senos, desmembrar brazos y piernas, y cortar cabezas.

Además de policía, Evgeniy Chuplinsky fue taxista e invirtió en el negocio de la construcción. Comenzó a matar en 1998, cuando aún era un guardián del orden. Aunque las partes corporales que cercenaba fueron halladas de 1998 a 2006, los investigadores señalan que su periodo de mayor actividad como asesino serial fue de 1998 a 2000.

Chuplinsky es padre de dos hijas. Antes de ser detenido estaba casado con una dentista exitosa de 40 años, quien, al ser informada de las actividades de su esposo, se limitó a explicar: “Deben entender que un maniático no puede cambiar su naturaleza. (…) Una persona como esta no puede ser, repentinamente, normal”.

En general, la gente que conoció a Chuplinsky conserva una buena impresión de él. Un hombre incluso recuerda que en una ocasión el ahora sospechoso, cuando trabajaba de policía, estuvo charlando por casi dos horas con una joven que intentaba suicidarse. Finalmente, la joven decidió vivir.

Chuplinsky consideraba que las prostitutas eran “un mal social”, lo que no fue impedimento para que mantuviera relaciones con varias de las sexoservidoras que conocía. Diecinueve de ellas; sin embargo, no vivieron para contar su experiencia con el ex policía.

El fuerte nexo de las prostitutas con Chuplinsky fue utilizado por éste para obtener información de los lugares por los que se movían, de cómo sorteaban los peligros que enfrentaban cada noche.

Cuando las prostitutas se metían en problemas, Chuplinsky era condescendiente a su manera. “En ocasiones las dejaba ir a cambio de un pequeño soborno. Es un pecado, por supuesto, pero las estaba protegiendo de los abusos sexuales”.

Y durante el interrogatorio dijo: “No soy Winnie Pooh, pero también estoy muy lejos de ser un monstruo”.

Evgeniy Chuplinsky se abastecía de víctimas en un área conocida como El Camino Ebrio, un lugar frecuentado por decenas de prostitutas.

De ahí desaparecieron ellas para volver a aparecer en forma de tronco, sin senos, sin brazos, sin piernas, sin cabeza, sin haberse despedido de los seres que amaron.

Para despistar a la policía que tan bien él conocía, el individuo grababa a filo de navaja signos satánicos en las extremidades que arrojaba en carreteras solitarias.

Para detener a Chuplinsky, las autoridades interrogaron a más de 8 mil personas y practicaron exámenes de laboratorio a más 5 mil varones.

Cuando, por fin, una muestra empató con un nombre y con un rostro, la policía fue por Chuplinsky. Al ser detenido, sus amigos y conocidos no podían creer que se trataba de un asesino serial, uno, por cierto, muy peligroso y que, como él lo dijo, no era un Winnie Poo.

operamundi@gmail.com

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