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Domingo , 21.10.2018 / 03:22 Hoy

Vidas Ejemplares

Cementerio de taxistas

José Luis Durán King

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Shirin Gul pertenecía a una de las tribus pashtun, del sur y este de Afganistán, por lo que le estaba prohibido hablar con hombres que no fueran de su familia. Eso es lo que decía, pero, una vez que ella, su esposo Rahmatullah y su hijo Samiullah abordaban un taxi, la mujer era de los más platicadora y encantadora con los choferes de los autos de alquiler.

“La familia feliz” (Shirin dixit) carecía de auto particular. Cuando se tenía que mover a hacer sus actividades siempre tomaba taxi. Durante el trayecto generaba confianza al conductor en turno, el cual era invitado a continuar la charla en casa de los alegres pasajeros. La tertulia era acompañada por té y kebabs, uno de los platillos tradicionales de Medio Oriente.

Solo que los kebabs elaborados por Shirin, además de carne de cordero, contenían una gran cantidad de barbitúricos que provocaban un sueño profundo a los taxistas del cual nunca despertaron, pues murieron estrangulados con una soga.

Los cuerpos de las víctimas fueron distribuidos en los jardines de dos propiedades de los asesinos, una en Kabul y otra en Jalalabad.

En Jalalabad yacía la osamenta de Mohammed, el verdadero esposo de Shirin, que fue asesinado por Rahmatullah, con la complacencia de la mujer.

Los motivos de estos lobos afganos para asesinar fueron de índole comercial. Una vez que habían completado la segunda fase de su plan (asesinar a los taxistas), la primera era engatusarlos, se activaba el tercer paso: vender los taxis en una ciudad fronteriza con Pakistán.

La transportación de las unidades correspondía a varios hombres que formaban parte del crimen organizado local. Cada unidad se vendía en aproximadamente 10 mil dólares, de acuerdo con información proporcionada por las autoridades afganas.

En junio de 2004, Haji Mohammed Anwar, un hombre de negocios de 60 años, fue invitado a la casa de Shirin para hablar acerca de la venta de una propiedad. En el trayecto, el hombre habló por teléfono celular con su tío, avisando al lugar donde se dirigía.

Dos días después de la llamada, la policía irrumpió en la propiedad de Jalalabad. En las primeras pesquisas, los agentes descubrieron documentación relacionada con varios taxis, además de joyas y la ropa y zapatos de Anwar.

Las autoridades se percataron de que en el accidentado jardín destacaba un promontorio, al parecer recién removido. Ahí encontraron el cuerpo desnudo del empresario.

Las pesquisas se extendieron por dos días, desenterrando 18 cuerpos. La investigación continuó en la propiedad de Kabul, donde estaban sepultados nueve cadáveres más.

Shirin culpó a Rahmatullah de los homicidios. Señaló que ella solo había consentido un asesinato, el de su esposo, un hombre agresivo que la golpeaba. De su amante, añadió que era el hombre más encantador que había conocido.

Además de Shirin Gul, su hijo Samiullah y Rahmatullah fueron detenidos otros tres hombres. Todos fueron acusados de 27 homicidios.

En Afganistán, con 30 millones de habitantes, el asesinato serial es una rara avis. Por lo mismo, Shirin Gul es la homicida reiterativa más prolífica de esa nación.

Aun así, la mujer solo fue condenada a 20 años de prisión, de los cuales ha cumplido 12. Los otros cinco detenidos, entre ellos Samiullah y Rahmatullah, fueron condenados a muerte y ejecutados. Shirin Gul salvó la vida por un decreto expedido por de Hamid Karzai, entonces presidente de Afganistán. La Asesina del Kebab solo fue castigada por 24 cargos de plagio y uno por adulterio.

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