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Sábado , 26.05.2018 / 09:24 Hoy

Vidas Ejemplares

Casas del horror

José Luis Durán King

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Ahora que comenzó el juicio en Paderborn, Alemania, contra el ex matrimonio conformado por Wilfried W., de 46 años, y Angelika, de 47, por el asesinato de varias mujeres a las que atraían a través de anuncios sentimentales prometiendo “relaciones serias”, también ha resurgido el término Casa de Horror, con el que se denomina a los inmuebles en los que ocurrieron hechos atroces que desembocaron en asesinatos y muchas veces en canibalismo.

El caso de la pareja alemana arrancó después de que Wilfried y Angelika trasladaron al hospital a una mujer con huellas evidentes de maltrato físico. Los médicos no pudieron salvar la vida de la paciente.

La investigación policiaca se centró en los anuncios que la pareja había publicado y la consecuente desaparición de mujeres que acudieron en busca de afecto. Las pesquisas no solo se desplegaron en Alemania, sino también en República Checa.

De acuerdo con las confesiones de la pareja, las mujeres cautivas sufrieron un amplio espectro de vejaciones en manos de los acusados, quienes las obligaban a dormir en un establo o encadenadas a una bañera después de utilizarlas sexualmente.

De acuerdo con información proporcionada por las autoridades, Angelika confesó haber matado en 2014 a una mujer de 33 años, cuyo cadáver destazaron y guardaron por un tiempo en un refrigerador, para más adelante quemarlo en la chimenea de su casa.

Aunque se les acusa de dos asesinatos y un intento de homicidio, la policía investiga, con base en los anuncios clasificados, la desaparición de otras seis posibles víctimas.

Un verdadero horror fue el que enfrentó la policía de Escocia cuando ingreso al sótano de una casa ubicada en el número 25 de la calle Cromwell, en Gloucester. El inmueble pertenecía al albañil Frederick West y a su esposa, la ex prostituta Rosemary Letts.

Después de utilizar sexualmente hasta el agotamiento a sus víctimas, incluida una hija del primer matrimonio de Frederick y una más que fue concebida por Frederick y Rosemarie, la pareja practicaba la magia negra con piezas corporales de mujeres jóvenes y adolescentes.

Fueron al menos 12 mujeres que el par de enamorados cometió. La policía encontró restos de los cadáveres dispersos en el sótano, en el jardín y en los rincones de la casa: una cabeza envuelta en capas de cinta de grabación con un tubo insertado en la boca que le permitió respirar mientras estuvo viva y que evitó su muerte por sofocación durante los asaltos sexuales; fetos, cadáveres con muestras de desollamiento y abiertos mientras les quedaba un poco de vida, pues a Frederick le fascinaba ver la palpitación de los órganos.

La remoción de dedos de las víctimas se hizo no solo para infligir un dolor inimaginable, sino que tuvo propósitos mágicos.

En el tranquilo poblado de Marcinelle, en la provincia de Hainaut, Bélgica, el pedófilo Marc Dutroux construyó una mazmorra en su domicilio, donde disfrutó la compañía de al menos seis niñas, de las que abusó sexualmente por semanas.

Dos de las víctimas murieron de hambre en el sótano, mientras que las otras dos fueron enterradas vivas en el mencionado calabozo.

Tras su arresto el 3 de agosto de 1996, Dutroux confesó a su abogado: “Mi idea era cometer una gran cantidad de secuestros de niños y crear, en esas galerías de minas, una especie de ciudad subterránea donde reinaría el bien, la armonía y la seguridad”.

La casa de Marcinelle estaba ubicada cerca de la antigua ciudad minera de Charleroi.

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