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Vidas Ejemplares

Basureros de cadáveres

José Luis Durán King

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En el libro Los carniceros, su autor, Brian Lane, señala: “El asesinato perfecto exige que no haya habido asesinato: ‘No debe haber ningún cadáver’”.

Los homicidas que han intentado ocultar los frutos de sus pecados son legión. Los ríos, los lagos, el mar, los depósitos, las cisternas, los bosques, el desierto, el patio trasero, los muros; el fuego, el ácido, e incluso el canibalismo, entre otros, han sido métodos que los criminales han aplicado para que las víctimas y sus fechorías pasen desapercibidas.

Brian Lane añade: “Sea cual sea el medio que se emplee, ocultar la presencia de un objeto bastante grande y de forma tan poco manejable, lleno de líquidos y con una considerable propensión a oler mal, siempre es una tarea complicada y que requiere mucho tiempo”.

Por lo anterior, quizás existe el reverso de la moneda: los asesinos a los que poco importa el lugar al aire libre en el que dejan o arrojan los cuerpos de sus víctimas, aunque eso les garantice su aprehensión.

Es el caso de Juan Carlos N y Patricia N, quienes fueron detenidos hace algunos días cuando salían de la vecindad en la que vivían empujando una carriola con pedacería humana, la cual iban a tirar en su lote baldío favorito, donde arrojaron cubiertos de cementos algunos cadáveres reducidos a trozos.

Las colinas que rodean a la ciudad de Los Ángeles, en California, EU, son célebres gracias a dos primos que aterrorizaron a la comunidad entre octubre de 1977 y febrero de 1978.

Kenneth Bianchi y Angelo Buono asesinaron en el periodo referido a una decena de mujeres con edades entre los 12 y 28 años. Tras raptarlas, violarlas, torturarlas y estrangularlas, los primos se deshacían de los cuerpos, simplemente arrojándolos como botellas vacías en las faldas de la cordillera.

Un paisaje de ensueño en los bosques del estado de Washington, EU, se convirtió en el favorito de Gary Ridgway para deshacerse de algunos de los cuerpos de las 70 mujeres que, se especula, asesinó.

Los restos de las mujeres eran arrojados a la corriente del Río Verde una vez que Ridgway las estrangulaba y violaba los cadáveres.

En mayo y julio de 2015, la policía local halló una maleta y una bolsa de lona, ambas con cadáveres correspondientes a mujeres. ¿No tuvo tiempo de arrojar al río la maleta y la bolsa? Eso solo lo sabe El Asesino de Green River.


Leakin Park, (Baltimore, Maryland) explica Elizabeth Yetter en su artículo “Popular Places Murderers Dump Dead Bodies In The US” (listvverse.com, 28 de octubre de 2015), se conoce como “el panteón no registrado más grande de la ciudad”, debido a que decenas de cadáveres han sido encontrados en el lugar.


“Uno de los primeros casos documentados ocurrió en 1946, cuando un adolescente de 13 años murió accidentalmente a causa de un balazo propinado por su amigo de 15 años. El adolescente mayor arrojó el cuerpo en el parque. Desde entonces, unos 70 cuerpos han sido hallados en la zona”, abunda Yetter.


Entre 1918 y 1924, el alemán Fritz Haarmann mostró al mundo sus dotes de asesino y comerciante. Mató a unas 27 personas, cuya carne la vendió en forma de embutidos en los mercados de Hanover. Fue, asimismo, precursor en la venta de ropa “de segunda”, pues colocó las prendas de vestir de sus víctimas en los baratillos de pulgas.


Haarmann no encontró un lugar apropiado para vender los huesos de los asesinados, por lo que los arrojó en el río Leine. Un grupo de niños que jugaba a las orillas del afluente tropezó con un cráneo, lo que provocó que las autoridades drenaran la zona, descubriendo más huesos, lo que acabó con el negocio y la vida de El Carnicero de Hanover. Fue ejecutado en la guillotina el 25 de abril de 1925.


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