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Sábado , 20.10.2018 / 13:25 Hoy

Vidas Ejemplares

2017-09-09

José Luis Durán King

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El 17 de abril de 2004, Lorenzo Gilyard, supervisor de la compañía de Recolección Deffenbaugh, en la ciudad de Kansas, Estados Unidos, cenaba tranquilamente con una compañera de trabajo, cuando la policía llegó hasta él directamente a arrestarlo.

La mujer, sin saber qué pasaba, fue invitada por las autoridades a abandonar el restaurante. Incluso, los uniformados le preguntaron si requería que una patrulla la llevara a su domicilio.

La detención de Gilyard, de 54 años, estaba programada por las autoridades para el día 19 del mes referido, pero tuvieron que adelantarla porque había indicios de que el hombre sabía que era vigilado y se temía que pudiera escapar.

Lorenzo Gilyard era padre de 11 hijos, los que había concebido con tres de sus esposas y “varias novias”.

Los vecinos y conocidos de Gilyard lo llenaban de elogios que iban desde “un hombre adorable”, “amigable”, que nunca olvidaba un cumpleaños, “muy trabajador”, hasta “rápido para las bromas”.

Por supuesto, vecinos y amigos desconocían el lado oscuro de Lorenzo Gilyard, quien tenía un historial que rebosaba de delitos, sobre todo de acoso, abuso sexual, asalto y violación.

Gilyard se había unido a la compañía de basura el 2 de enero de 1986. Comenzó como simple recolector de puerta trasera y en solo dos años logró el puesto de supervisor. ¿Qué había pasado antes? ¿Por qué la policía lo había detenido después de varios lustros y miles de dólares de investigación?

Por muchos años, la policía almacenó pruebas de que entre 1977 y 1993 un asesino serial había deambulado por los distritos rojos de la ciudad de Kansas, acabando con la vida de 10 mujeres y dos adolescentes. Muestras de sangre y semen se conservaron congeladas por más de 15 años, hasta que finalmente hallaron correspondencia con un individuo: Lorenzo Gilyard.

Las víctimas tenían rasgos en común: fueron estranguladas, arrojadas en lugares de difícil acceso, mostraban señales de que habían luchado por su vida, carecían de zapatos y habían sido violadas, algunas incluso mostraban signos de ser utilizadas sexualmente después de haber muerto.

Después de la detención de Gilyard, los investigadores acudieron al domicilio del sospechoso, quien vivía en una casa modesta. Los agentes iban con la idea de encontrar “trofeos” recabados por el asesino que lo vincularan a sus víctimas.

El inventario elaborado por la policía incluyó cintas de audio, videos, zapatos, sostenes, pantimedias y joyería.

A partir de 1993, cuando cesó la serie de homicidios, la policía mantuvo el caso abierto, mismo que fue reabierto en 2001 después de que los cadáveres de dos mujeres asesinadas en 1997 mostraban el ADN del presunto homicida que había actuado años atrás.

Tras la detención de Gilyard, el fiscal del condado Jackson, Mike Sanders, señaló: “Esta es una victoria de la prueba de ADN, es un ejemplo de lo que el material genético puede contribuir en las investigaciones judiciales”.

Ya en prisión, las autoridades demostraron la culpabilidad de Gilyard en el asesinato de una mujer más, contabilizando 13 víctimas de edades entre 15 y 36 años, lo que lo convirtió en el peor homicida serial en la historia del estado de Misuri.

Gilyard está por arriba de Ray Shawn Jackson, quien estranguló a seis mujeres entre 1989 y 1990; John E. Robinson, que sacrificó a ocho mujeres en los años 80 y 90; y, por supuesto, el célebre Bob Berdella, quien torturó y asesinó a seis hombres en la Ciudad de Kansas en los años 80.

El Estrangulador de Kansas, el afroamericano Lorenzo Gilyard, fue condenado a prisión de por vida sin opción de solicitar la libertad bajo palabra, sentencia que cumple en el Centro Correccional Crossroads.

operamundi@gmail.com

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