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Los inmortales del momento

Una amistad de más de medio siglo

José de la Colina

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Mi amistad con Gerardo Deniz tiene más de medio siglo, se inició en los finales de los años cincuenta, cuando los dos éramos correctores en el Fondo de Cultura Económica y el director del departamento de corrección era Joaquín Díez-Canedo padre. Nos unió “intelectualmente” el gusto por los gatos, las novelas de Verne y el pasear, con Pedro Miret, por las regiones más extrañas de la ciudad de México.

De los tres él era, sin duda el supersabio. Esos paseos me dieron algunas claves, no todas, para gozar de su poesía. No la entiendo toda, pero la gozo toda. Es más que un poeta innovador; es un reinventor, un resurrector de la poesía, pues él no parte desde lo ya “poético”, sino que al contrario busca las materias, como la física y la química, y la rasera crónica cotidiana, para subvertir y enriquecer la poesía con un perpetuo mestizaje. El mestizaje, ya se sabe, salva a las etnias, altera y enriquece y fortalece a las etnias y las “razas” debilitadas por la pureza de la sangre.

Un ejemplo: un día él leyó una crítica mía a una mala traducción del título de una novela de Verne, Veinte mil leguas de viaje bajo los mares. Un tonto había escrito “Veinte mil lugares bajo las madres”. Deniz leyó eso y dijo ya está, ese es el título para mi poema-saga sobre el Nautilus y el Capitán Nemo, y por eso me dedicó tal obra. El poeta también se nutre de los errores y las tonterías de los otros.

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