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Los inmortales del momento

Un cuentista se explica… o se explaya

José de la Colina

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Al que esto teclea en modo de periodista puntual que atiende a las historias del tiempo pasado, el tiempo presente y, si le ocurre ponerse “creativo”, el tiempo futuro, le atraen tres asuntos que aunque compartan un mismo sustantivo son tan distintos como las manzanas, las uvas y las piñas (estas últimas como ejemplo de frutas fantásticas, según el tecleador). Le pidieron su decálogo del cuento corto tal como él lo practica, y él, saliéndose por gitanerías, tecleó una parrafada sin pensarlo dos veces (si bien solo una ya quizá será demasiado porque suele ser cosa de poco pensarlo, digamos de dejarlo venir), y le quedó de este modo, con sus correspondientes porqués, si los hay.

1. Si te sientes cuentista: mientras para hacer una novela puedes atrapar una sola historia pues te basta con un solo asunto; en cambio, para lograr 100 cuentos, sean cortos, medianos o largos, necesitas 100 asuntos (o temas, si así los calificas).

2. Se da el caso, en cualquier día de escritura, de que cuando estás redactando un artículo sobre el aniversario de la crítica de la razón pura aparezca un argumento salido de madre acerca de la señora tal por cual, que suspiró cuando cocinaba un pastel mientras pensaba en la triangulación de su vida sentimental o, dicho en crudo, su vida sexual, y surja como un repentino hongo un personaje no invitado a tal ceremonia digamos culinaria. (En cuanto a eso del enriquecimiento advirtamos que es meramente espiritual.)

3. Que no te digan que el cuento corto no es profundo. Replícales con este relato, cortísimo y de quién sabe quién, pero es debido a muchos que no exigen certificado de autoría ni intelectual ni literaria, y su asunto trata de toda la condición humana: “Nació, vivió, murió”.

4. No creas que suprimiéndole palabras a un cuento largo obtendrás un cuento corto. Éste suele nacer ya con su justo número de palabras, por eso acontece como una punzada en el colodrillo o un chispazo en el corazón, si uno los tiene en las debidas condiciones interiores.

5. Un cuento, si corto, dos veces buen cuento.

6. Más vale cuento corto en mano que novela larga volando. Está bien, no nos atreveríamos a negarlo, escribir cuentos de 30 páginas si uno tomó el impuso industrial y cobra mil pesos por palabra; pero el cuento corto se frustra por mercenarismo espiritual de máxima gravedad.

7. Hay que pensarlo bien o muy torcidamente.

8. Resulta insufrible cuando el cuento corto es uno de los miles de chistes que los chistosos reiteradamente intercambian como joyas de sus acervos.

9. Suprimir detalles circunstanciales o relatar solo uno.

10. Dios, si existiera, sería un cuento corto, aunque eterno. Porque si bien el autor no fuese creyente, puede imaginar a Dios, o a cualquier dios, como personaje con una historia o un cuento propios.

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