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Domingo , 27.05.2018 / 04:29 Hoy

Los inmortales del momento

Mister 'Buffalo Bill': del 'Far West' al 'show business'

José de la Colina

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Ese coqueto figurín que en una célebre foto quiebra la cintura apoyándose en el rifle certero, ese gallardo señorón amueblado más que adornado con chamarra de cuero y flequitos, con sombrero casi napoleónico, con guantes y botas de cuero fino, con bigotazo de manubrio y ojos duros pero soñadores de la pradera donde pastarían búfalos y bisontes (pradera que en la foto resulta mero tapiz de fondo como de salón burgués), es el ex coronel de caballería William F. Cody (nacido cerca de Le Claire, Estados Unidos, el 26 de febrero de 1845, y muerto en Denver, el 10 de enero de 1917), y es un personaje de épica ficción en novelitas populares, en coloridos carteles circenses, y revivido por sucesivos astros de Hollywood: Gary Cooper, Preston Foster, Joel McCrea, Charlton Heston, Louis Calhern, Paul Newman y otros más que lo "personificaron" en el cine. En fin: ese tan figurón con aire de figurín fue el mítico Buffalo Bill.

Antes de ser empresario circense, Cody fue, en el Oeste de EU, un jinete de aquel Pony Express galopador de las vastas llanuras; fue conductor de traqueteados coches-diligencias a través de desiertos y de villorrios; fue galopador más veloz que las flechas perseguidoras; fue explorador y soldado de la caballería militar destacada en los territorios fronterizos al suroeste de la joven nación (tierras por las que acaso campeaba otro jinete y tirador un poco menos mítico: el bandolero mexicano Joaquín Murrieta); fue cazador de búfalos para alimentar a los soldados del Séptimo Cuerpo de Caballería y para vigilar a los chinos que plantaban rieles en las llanuras no del todo alambradas; fue cazador despiadado de indios pieles rojas (aunque luego diría: "Son amigos; si se rebelan es porque el gobierno no cumple los tratados"), y, finalmente, fue un showman que coronó su biografía como el empresario, el director y el astro de un gran circo ecuestre: el Buffalo Bill's Wild West, que por todo el mundo y ante testas coronadas y públicos populares presentó, bajo las vastas tiendas de lona y la bandera de las barras y las estrellas, a una enorme y abigarrada troupe formada por cowboys, por campeones del tiro de revólver o de fusil como Anne Oakley y su esposo Frank Butler, por tribus de auténticos pieles rojas con plumas en la cabeza y cuyos jefes se llamaban Toro Sentado, Mano Roja, Nube Llovedora de Flechas y Gerónimo, los feroces rivales de Bill en las pantallas y que en el show eran hombres de carne y hueso y un pedazo de pescuezo.

Así, con el ex coronel Cody transfigurado en héroe hípico y épico de las praderas del bisonte, se cumplía el lema pronunciado por el periodista de la genial película de John Ford El hombre que mató a Liberty Valence: "Cuando la leyenda sea mejor que la realidad, imprímase la leyenda". Y Buffalo Bill, el legendario personaje que sublimaba al real William F. Cody, debió más de la mitad de su gloria a los folletines pergeñados por la imaginación rutinaria de un folletinista: el tal Ned Buntline que vio en Cody la posibilidad del centauro nacional... y de una mina de dólares.

En 1896 William F. Cody se transfiguró, además, en un héroe epónimo (el que da su nombre a un lugar, a una ciudad o una población) cuando él y sus socios y fans fundaron, a 80 kilómetros del Yellowstone Park, el poblado de Cody City, en cuya plaza hoy se puede admirar una poco admirable estatua en bronce de Buffalo Bill sobre pedestal marmóreo.

Por si algo faltara, si Buffalo Bill tiene un real lugar de honor en las letras estadunidenses lo debe al gran poeta e. e. cummings, que así firmaba sus obras: con iniciales minúsculas, y que le dedicó al personaje un inmortalizador aunque elegíaco poema en que la Muerte (con mayúscula) no es señora, sino señor. He aquí el poema, en aproximada traducción:

"El difunto Buffalo Bill,/ montado en corcel plateado,/ fluido como el agua,/ disparaba a los palomos:/ ¡pum pum pum!,/ sin fallar un balazo./ ¡Oh,qué buen mozo era!/ ¿Y qué tan bien se lleva usted/ con ese gallardo chico ojiazul,/ Señor Muerte?".

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