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Carta de Esmógico City

Una fiesta de las balas, como en el cine más macho

José de la Colina

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La zona capitalina llamada Centro de nuestra ciudad capital es abundosa y variada y dedicada a shows culturales. En ella y en primer lugar tenemos el espacio privilegiado, prestigiado, selecto: el gran Palacio de las Bellas Artes, “el de la cúpula de flan” (dijo alguna vez Pedro Miret), en el que suceden los grandes, los lujosos momentos artísticos, literarios y diversamente culturales; está la explanada delantera del mismo Palacio, donde gratuitamente y de modo más popular también se ofrecen a la multitud callejera espectáculos de arte y cultura; y está un placiterío y esquinerío con otros palacios, como la Catedral Metropolitana, el de Correos y el de Comunicaciones, y hay multitud de efigies de héroes culturales de lo más ilustre y se ve la gran escultura de Tolsá, más hípica que épica, quién sabe por qué apodada diminutivamente El Caballito… Y por momento dejemos aquí la enumeración para teclear de un asunto artístico y cultural de más actualidad.

Ahora tenemos en la zona la cantina o bar la Cervecería de la Banda, situada en la céntrica, muchedumbrosa y vivísima calle de Donceles, donde, además de oirse y bailarse la enérgica música norteña —que también es arte y cultura, pues—, acaba de ocurrir un (¿inaugural?) momento como de cine de gángsteres al modo de Hollywood o en el estilazo de Juan Orol, esas dos cumbres del séptimo arte. Fue una dominical y por tanto festiva balacera (¿o habrá que decir tiroteo?, pues esas cosas suelen ser muy masculinas, es decir, muy de machos) con el impactante resultado de dos muertos y algunos heridos, y el suceso ocurrió, no en pantalla de tela o de cristal, sino en el tablado o en el set de la vida misma, tan pintoresca y emocionante como ella suele manifestarse en una ilimitada, compleja y a veces violenta película continua y de reparto actoral tan vario, espontáneo y documentoso, de acción tan veloz y sonora que no hay más que pedir. Y, conste, no es que el cronista pida repetición, pues tales hechos no le gustan, en realidad lo asustan… pero de que la cosa es emocionante como show, eso que ni qué.

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