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Miércoles , 26.09.2018 / 02:33 Hoy

Carta de Esmógico City

Póngala ¿en qué lugar?

José de la Colina

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Hagamos de cuenta que fuimos basura, vino el remolino y nos "alevantó", dice una canción del folclore nacional que el cine ídem, con asuntos de balacera y tequila tan sentimentales como braveros, glosó en coplas de pólvora revolucionaria, exprimiéndola hasta que ya no pudo más y fue relegada a las sobrevivientes victrolas de tugurios anacrónicos y a los archivos de la erudición folclorista. En fin, los chilangos no seremos basura, ¡vaya idea autodespectiva!, pero resulta que todos, hasta los más haraganes, es decir los menos productivos, y sin distinción de clases sociales o rangos culturales, todos, en fin, pero sin fin, somos productores de basura.

Véase lo que está sucediendo desde hace unos días en esta Esmógico City en la que nos tocó sobrevivir. Nada menos que una expansión de focos de basura que (digámoslo aunque se irrite la Iglesia) es el resultado de la explosión demográfica. Ya las calles y grandes vías de Esmógico City exhiben grandes, estorbosas, malolientes y visualmente horribles aglomeraciones de basura de todo tipo que han provocado el reciclaje periodístico de aquel bonito eslogan de sólo seis palabras, solamente seis palabras, y esas palabras son: Ponga la basura en su lugar (adviértase la astucia eufónica, poética, de las tres úes, que mereció ser estudiada por el poeta Gabriel Zaid).

Sí, ciudadanos de la urbe ya casi invivible: pongamos la basura en su lugar, pero, ¿cómo vamos a hacerlo?, si resulta que ya no hay territorio donde ponerla, pues la gente de otros lugares, y en particular la del Estado de México (monstruo demográfico mayor que esta ciudad capital) no la quiere en su territorio... aun si los mexiquenses ha contribuido a su apogeo, y quizá ellos en mayor cantidad.

Acaso se adivina ya una historia de terror en la cual un día nos cubra una inmensa ola de basura. Y la basura nos "alevantará" o nos hundirá a todos, incluidos los virtuosos ciudadanos (entre los cuales, conste, se incluye este cronista) que, al menos en el hogar, separamos la susodicha en orgánica e inorgánica para que los eficaces, los atentos, los civilizadísimos "camiones de la basura", se la lleven a... a... ¿adónde, pues, se la llevarán?

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