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Lunes , 18.06.2018 / 00:57 Hoy

Los ‘suspirantes’, uf y uf y uf

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Los candidatos, esos seres vibratorios también llamados los aspirantes o los suspirantes o (aportación de este tecleador) los jadeantes, están muy activos por allí, por allá, por acullá, y en fin: por todos los rumbos, barrios, barriadas y meros caseríos o choceríos de esta desmadrada aunque no desmedrada Esmógico City, que es tan grandota y laberíntica como para causar la envidia de la mítica Babilonia.

Y cualquiera que sea la cuantía de la actividad concretamente física que desplieguen los candidatos, los cuales compiten fiera y espectacularmente en, por dar solamente algunos ejemplos, entre muchos, el prodigar la sonrisa hacia las cámaras, o el apapachar a los bebés, o el dar monumentales tamaladas y taquizas y fiestones, o el pregonar torpezas de los rivales, o el hacer chistes malévolos sobre éstos, o el bailar y cantar musiquitas populares, todos ellos, los amarrados y los independientes (que suelen quedar como los títeres sin hilos conductores), he aquí que coinciden todos en la costumbre de trasmitir su mensaje en modo verbal y particularmente oral, pues ya se sabe que el país lo forman, lo conforman, lo deforman territorios muy ricos en analfabetismo. De modo que los candidatos (nada candidotes, la verdad) hablan y hablan sin temor ni rubor de que les salga la fuerza por la boca, todos basando sus retóricas electoralistas en las promesas de la felicidad moldeada en varias y no muy variadas formas de la promesa.

La promesa es la palabra central y mágica y todopoderosa, un principal sine qua non.

Y prometen lo que sea: seguridad ciudadana, combate y fin de las delincuencias, construcción y reconstrucción de viviendas, calles asfaltadas, innumerables empleos correctamente y hasta suntuosamente bien pagados, luz y agua hasta de sobra… e inclusive la partida de madre a ese trompetero mister president Trump y un eterno y floreciente tratado de comercio que sea libre pero que nos convenga a nosotros.

Y los demasiados políticos incurren en ser los candidatos de todos colores o en blanco y negro, y prometen y dizque se comprometen, ¿por qué no?, pues saben que hay otra fuerza superior aunque parezca difusa: el olvido, o sea la amnesia, que implica el perdón (la amnistía) a tales prometedores que son siempre comprometidos… aunque lo sean consigo mismos, uf y uf y uf.

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