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El tecleador en el frío y en problemas

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Casi congelado por el despiadado frío de estos días y, según dice un lector amigo, lo peor es que no hay motivo de culpar a ningún gobierno (como si no supiéramos que todos los países del mundo, éste de aquí pues quizá no existe el otro, han contribuido a crear el cambio climático, ese monstruo cada vez más causante, apenas al comienzo del mexicano invierno, de días grises, carnales temblores rítmicos o arrítmicos y caedizas narices de hielo), el tecleador intenta calentar los dedos manuales echándoles en frecuentes soplidos lo poco que guarda de fuego interior, y resulta que, como el paso del tiempo suele ir apagando las fogosas pasiones, el tecleador de marras ya está muy escaso del tal fuego al parecer situado en una oscura y tormentosa región de las entrañas. De modo que el susodicho casi desearía que los cohetes que, desde hace más de una semana, disparan contra el cielo en una población muy vecina (¿por aniversario de qué o de quién?), entrasen por una ventana y le incendiasen dicha entrañable región corporal, aun a riesgo de probable chamusquiza de todo, incluido, ¡ay!, el tecleante mismo. Y así van las cosas, pues se debe decir que el ya demasiadamente mencionado redactor no tiene otro oficio que este de teclear sus opiniones, no doctorales desde luego, y que ya sabe que interesan muy poco y a muy pocos, pero que son suyas, irremediablemente propias aun si son a veces impropias, y a él tal vez le bastaría que lo leyeran tres o cuatro lectores para considerar que está justificada su existencia en el tiempo, si bien no sea en las mayusculizables dimensiones de la Historia y mucho menos de la Inmortalidad. Sin embargo sobrevienen las inquietudes y las preocupaciones y no es la menor de éstas que este teclado esté funcionando muy problemáticamente, alterando letras y sílabas, escamoteando palabras, y habrá que comprar otro y no se encuentran con la Ñ ni con la diéresis y además el bolsillo está flaco... y he aquí y ahora que... ¡ya bastaaaaaa!

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