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Jueves , 20.09.2018 / 10:52 Hoy

Carta de Esmógico City

El chocante chavo chocador

José de la Colina

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Transcurría la tarde del recién pasado domingo —¡ah, esas tardes dominicales tan soportadas aunque aborrecidas por el cronista, quien ya desde la niñez las sentía, resentía, tan tristonas por el aburrimiento consecutivo al esperanzador (pero ya pasado) sábado y por saber que se venía encima el lunes con las tareas y obligaciones de una rutinaria semana más… y ahora se añade el horror!—, cuando el cronista recordó el choque automovilístico ocurrido hace algunas semanas en la eternamente conflictiva delegación Tláhuac, que resultó en la muerte de cinco menores de edad y otras cuatro personas heridas. El caso sería meramente de rutina periodística, respecto a esta ciudad del caos y el importamadrismo automovilístico, si no hubiese un dato, ¿anecdótico, luego trivial?, que lo resalta: el conductor del vehículo chocón era un niño de 12 años.

La Secretaría de Seguridad Pública de Esmógico City nos dijo que el tal coche chocante iba con una velocidad excesiva, “irreglamentaria”, la cual causó que el conductor perdiese el control hiciera dispararse el vehículo contra un muro de contención.

Desde luego las crónicas del hecho, por una sabia disposición legal, omiten el nombre del precoz conductor causante de la noticia… pero ¿acaso se debe dejar en el saludable anonimato a los demás responsables del “accidente”?

¿Quién fue el que puso en las manos del menor de edad el volante y la llave de encendido, acción culpable cierta, pues las leyes solo admiten que únicamente personas a partir de cierta edad tienen derecho de conducir vehículos motorizados? ¿O el niño actuó sin que los mayores lo supieran?

Por lo pronto, el cronista imagina que el niño automovilista de marras es uno de los tantos que crecen en un ambiente de adoración al divino y prestigiador automóvil. Según pregonan los anuncios comerciales tener un “cochazo” te convierte en un caballero o en una gran señora, te rodea de lindas damas y lindos galanazos entre quienes eres “lo máximo” si apareces a todo color en las páginas de suntuosos magacines o en flashes comerciales, lujosos y lujurientos, de la tele. Un “carrazo” te da atractivo erótico y social y te proyecta idealmente hacia el más alto mundo de los Divos Divis. Y luego a nadie asombre la chocante cantidad de choques.

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