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Lunes , 24.09.2018 / 11:40 Hoy

Touché!

Hermana Guatemala

José Antonio Alvear

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“Guatemala feliz.

Ya tus aras no sangrienta feroz el verdugo,

no hay cobardes que laman el yugo ni tiranos que escupan tu faz...”

Fragmento del Himno de Guatemala

He viajado a Guatemala dos memorables veces. En ambas me he encontrado con Homa, un gran amigo del alma. Es un artista y un pensador innato, pero no se caracteriza por ser políticamente muy activo. Cuando Homa me dijo que estaba entusiasmado por lo que sucedía en Guatemala, pensé: algo muy importante tiene que estar pasando allá.

Los medios de comunicación mexicanos (no se diga los del acosador López Dóriga y anexas) han sido extremadamente parcos para referirse sobre caso guatemalteco. Supongo yo, que esto se debe a las extraordinarias semejanzas que el caso guarda con la situación de nuestro país, sobre todo en lo que a la lacerante corrupción se refiere.

Por bizarra que se lea, expresaré la siguiente frase: Peña Nieto tiene toda la razón. Hace dos días vi uno de los spots que nuestro presidente difunde como campaña preventiva de cara a su tercer informe de gobierno. El sujeto afirma que México tiene dos grandes problemas: la corrupción, la desigualdad. Nadie podría negarlo. Yo además, agregaría un tercero: la tolerancia del pueblo hacia esos problemas. Ese es quizás, el peor de nuestros males.

En resumen, en Guatemala se ha destapado un caso de corrupción que se ha convertido en la gota que derrama el vaso. No ha sido el único, sino el más flagrante. El todavía presidente Otto Pérez (que en un alarde de cinismo se niega a dimitir), ha sido acusado de corrupción por aceptar sobornos a cambio de beneficios fiscales a empresas importadoras. Si pagar impuestos es una acción cuasi patriótica, no cobrarlos o minimizarlos a las grandes empresas, es de una traición pasmosa.

Pérez, no es desde luego el único implicado, también lo está, entre otros, su ex vicepresidenta Roxana Baldetti, encargada de encabezar el fraude aduanero de millones de dólares. Esta funcionaria se encuentra actualmente en estado de prisión preventiva.

Según las investigaciones, una cuarta parte de los sobornos, acabó sirviendo para la campaña presidencial de Pérez, lo cual implica doblemente a su partido político, como a las empresas que fuera de la ley, auspiciaron dicha campaña. Se estima que son 22 empresas que comparten el fango con Pérez. Por este y muchos otros fraudes, las organizaciones civiles y movimientos sociales que exigen un cambio radical en Guatemala, piden una renovación a fondo de la legislación vigente, reformación a la normativa de los partidos políticos, así como la prohibición de reelección de diputados y alcaldes. (Disposición que por cierto, en México fue aprobada en la última reforma electoral.)

Cualquiera podrá ver por qué mi amigo Homa estaba tan indignado. ¿Lo estamos nosotros igualmente respecto a nuestro propio caso mexicano sabiendo que en algunos aspectos, la corrupción ha sido aún más grave?

La semejanza que el caso de Guatemala guarda con México es evidente. Me llaman particularmente la atención el aprovechamiento desmedido de transas para financiar campañas presidenciales, una vez que la comisión revisora del caso Monex, concluyó que la campaña de Enrique Peña Nieto había caído en dichas irregularidades. Desde luego, están los temas de corrupción del presidente, su camarilla y su mujer respecto a conflictos de intereses con empresas a las que dan trato preferente y dádivas para sus propias viviendas; represiones a la libertad de expresión; miles de muertes por razones de inseguridad y de aniquilamiento a grupos disidentes; el sin número de faltas a los derechos humanos; una clase política de gobernadores y diputados con alto grado de corrupción. (100 de los 500 diputados electos por ejemplo, tienen asuntos pendientes con la ley.)

Peña tiene razón pero no tiene la verdad. La corrupción es el mal que desangra la moral y las finanzas de nuestro país, pero él y su gente son campeones en ello. Aún me pregunto ¿Es que en México tiene que suceder algo en extremo extraordinario para mover nuestra exigencia a un gobierno renovado? ¿No han sucedido tales cosas ya, y en esa magnitud?

Peña tiene razón, la desigualdad y la corrupción son dos problemas principalísimos en México. Lástima que pueda soltar hipocresía tal, sabiendo que la impunidad es su escudo y su bandera. ¡Que viva Guatemala!

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