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Viernes , 22.06.2018 / 14:40 Hoy

Heterodoxia

Sorpresa…

José Antonio Álvarez Lima

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El traje institucional de nuestra geografía política diseñado hace muchas décadas ya le queda ridículamente corto al país.

Los criterios demográficos, orográficos y culturales con los que se dividió a México en estados y municipios, hace más de un siglo, han quedado obsoletos y fuera de la realidad.

Solo basta observar lo que ha ocurrido en el Valle de México. De 1950 a la fecha, la población ha crecido cinco veces y la mancha urbana también. Sin embargo, los límites políticos son los mismos y se dan casos tan absurdos como el de Ecatepec, que es un municipio con más habitantes que muchos de los países miembros de la ONU.

Por tanto, para un ciudadano ecatepense (o como se diga) es más fácil ver y saludar al Papa que a su presidente municipal.

Si el presidente municipal de Ecatepec dedicara solo un minuto en sus jornadas de trabajo a cada uno de sus gobernados, tardaría diez años en atenderlos a todos. Y su periodo es de tres.

Y lo mismo ocurre en los explosivos municipios de Chalco, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y Texcoco. Los paupérrimos y urgidos ciudadanos de esos lugares difícilmente podrán tratar sus necesidades con las autoridades bajo la estructura administrativa actual. En el mejor de los casos, para aquellos que tengan teléfono, los atenderá una máquina que, después de varios intentos fallidos, responderá: Presione uno para español.

Qué decir de La Laguna, donde los muchos delincuentes que asesinan en esa región solo tienen que cruzar el cauce seco del río Nazas para huir a otra entidad y donde los habitantes de la Comarca tienen que viajar más de 300 kilómetros para entrevistarse con una autoridad estatal.

Lo mismo pasa en la Huasteca, el Soconusco, Ciudad Juárez, Coatzacoalcos, Tampico, Tehuantepec o Ciudad Obregón, donde los habitantes de esas regiones son pobremente atendidos por unas descuidadas autoridades que tienen sus despachos a cientos de kilómetros.

Fue el caso de la tristemente célebre Tierra Caliente. Está ubicada a 200 kilómetros a través de una sinuosa carretera de la capital del estado y con un clima atroz, pocos funcionarios morelianos querían ir para allá a tratar con sus levantiscos ciudadanos urgidos de atención y recursos. Hasta que la desesperación los hizo levantarse en armas.

Con estas reflexiones no se trata, desde luego, de echar más leña al fogón nacional, agregando ahora demandas localistas o independentistas. No. Se trata simplemente de que los legisladores tengan presente en la agenda política de las reformas procedimientos realistas y razonables para que los ciudadanos de los diferentes rincones del país tengan la potestad de organizarse políticamente de una mejor manera, dadas las nuevas circunstancias de la demografía nacional y los crecientes problemas de gobernabilidad que padecemos.

Nuestro federalismo nació más de una concepción ideológica imitativa de Estados Unidos que de las necesidades reales y, por tanto, las divisiones geográficas para distribuir nuestras demarcaciones fueron arbitrarias. Es el caso que nuevas realidades han dejado atrás esta distribución para dar paso a circunstancias agresivas y demandantes.

Si queremos abordar una de las asignaturas pendientes del viejo régimen, ahora evidentes, necesitamos procedimientos constitucionales y locales para que los ciudadanos puedan erigir nuevas entidades administrativas o federativas y nuevos municipios.

Suena fuerte y quizá extravagante para algunos oídos conservadores, rígidos y fundamentalistas, pero la alternativa de no hacerlo será la aparición de nuevos conflictos.

¿O queremos más sorpresitas calientes como la del fértil valle michoacano? El del guacamole sangriento según lo reportó el Wall Street Journal hace días.

alvalima@yahoo.com

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