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Heterodoxia

Mentiras, crimen y videos…

José Antonio Álvarez Lima

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Era previsible, lógico: el ventilador que arroja inmundicias instalado por la partidocracia ya contaminó las elecciones.

Es tal la ambición por conservar o adquirir poder, que algunos políticos han sepultado el sentido original del proceso democrático —que no es otro sino el de presentar opciones ideológicas—, y lo han sustituido por el cañoneo de calumnias a través de grabaciones y fotografías manipuladas.

Después de algunas semanas de campaña, los ciudadanos de las 13 entidades en disputa conocen poco de los programas o la biografía de los candidatos que aspiran a gobernar. Pero, eso sí, están sobreinformados de chismes de alcoba y sospechosismos desbocados.

Gracias al procedimiento puesto en práctica por todas las cúpulas partidistas para enlodar las honras ajenas, muchos electores se la pensarán dos veces antes de ir a votar. Total, meditarán, los aspirantes son igual de mentirosos.

Recordemos lo que ocurrió hace meses en Colima, donde calumnias y verdades a medias acabaron con el prestigio del candidato del PAN y propiciaron un viraje en las preferencias hacia el PRI.

Las que perdieron ahí también fueron las señoras: doña Gobernanza y doña Confianza, que huyeron de ese estado y difícilmente regresarán a instalarse en un lugar envenenado por la insidia.

Lo mismo ocurre ahora mismo, a lo largo de la costa del Golfo. En Tamaulipas y Veracruz, territorios azotados por el crimen, donde a los veneros de sangre se han unido los ríos de lodo. Nadie se salva. Todos los candidatos a diputaciones, alcaldías y gubernaturas han sido bañados de excremento. El fango alcanza también a familiares y amigos. En esos sitios, cualquiera que participa en política es reo de la intriga y la difamación.

Cuesta trabajo pensar que esta guerra sucia obedece a una estrategia de las élites políticas y económicas del país, porque al final de este juego el ambiente que respiramos todos —también el que inhalan los ricos y poderosos— se verá intoxicado.

Más bien parece que se trata de propiciar un río revuelto donde dinosaurios de la vieja escuela se instalen nuevamente a sus anchas.

Pero ¡cuidado! En las ciénagas de porquería todos se pueden hundir. También ellos, los que activan el ventilador.

alvalima@yahoo.com

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