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Martes , 19.06.2018 / 04:27 Hoy

Heterodoxia

El arte de negociar…

José Antonio Álvarez Lima

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Fuentes generalmente bien informadas han hecho saber que el gobierno federal prepara una estrategia para someter a la CNTE.

Esta columna, consciente del enorme desprestigio de los maestros rebeldes, considera un error que el gobierno abdique de resolver este conflicto por medio de la política y deje que hablen los toletes y los barrotes carcelarios.

La política sirve para buscar, astuta e incansablemente, la solución pacífica de las disputas. Y, a nuestro juicio, aún no se han agotado las vías políticas para remediar la insurgencia magisterial.

Es obvio que el gobierno tiene la facultad de usar la fuerza. Pero el mandato implícito para ejercerla es contra los delincuentes: asesinos, secuestradores, violadores, no contra ciudadanos que plantean reivindicaciones.

Así que, nos guste o no, el maoísmo trasnochado de la CNTE, las marchas y los plantones abusivos, el abandono de las aulas en beneficio del activismo y un largo etcétera de excesos y estupideces, debemos tomar en cuenta que toda esta rebelión ha sido el resultado de décadas de manipulación por parte de los partidos políticos en las facciones sindicales (no olvidemos el Panal). Décadas de acosos laborales y sexuales sobre miles de maestras y maestros. Décadas de discriminación social y racial sobre los sectores indígenas y mestizos empobrecidos. Décadas de cacicazgo, miseria y violencia en las comunidades donde viven y trabajan estos profesores.

Tanto la CNTE como el SNTE son producto de lo que ha sido y es México. Por tanto, la necesaria modernización de las relaciones políticas y laborales con este sector debe realizarse con inteligencia, honestidad y patriotismo. No con desprecio, prepotencia o violencia.

Los maestros disidentes de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas, más sus simpatizantes en otros estados, son parte importante del tejido social de la nación. Merecen, no el soborno ni la amenaza, sino el trato cercano e inteligente para llevarlos, mediante el uso responsable de los estímulos y las sanciones, a la integración en una sociedad que ya no es la del siglo pasado, cuando surgió el siniestro sindicalismo magisterial.

Hace años el gobierno reprimió a ferrocarrileros, mineros, médicos, estudiantes y guerrilleros. Las secuelas de aquellos crímenes aún las padecemos. Así que las únicas armas legítimas y legales para resolver el conflicto magisterial son la prudencia, la paciencia y la astucia.

Ejercer el difícil y humilde arte de la negociación.

alvalima@yahoo.com

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