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A rajatabla

Vergüenza de Nuevo León

Jorge Villegas

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Ya no hay tiempo en este sexenio para la reparación a fondo del penal del Topo Chico y en general de los reclusorios del estado, requieren inversiones y trabajo profesional y una instancia con poder y funciones para acabar con esas lacras.

El penal de Cadereyta no está tan mal, pero tiene errores de diseño y sufre la cercanía de la refinería de Pemex, lo que provoca conjuntivitis crónica a los reclusos y a sus carceleros.

El de Apodaca tiene condiciones físicas aceptables, sigue siendo el de más alta seguridad, pero tiene el problema del cogobierno con el crimen organizado.

Pero el desastre total es el caso del más viejo de los penales, el del Topo Chico.

Tiene más de cinco mil reclusos donde hay instalaciones para 2 mil. El crimen organizado no cogobierna, gobierna por entero, y mantiene el dominio por tácticas de terror. En un año mataron a 52 reclusos por ser de grupos contrarios o porque se resistieron a sus extorsiones.

Como en los colegios, siguen exigiendo aportación cuantiosa a cada interno nuevo, la sanción por tardarse a pagarla es una golpiza o la fractura de una pierna.

Una muestra de los absurdos de ese penal es que cada celda tiene candado y llave en poder del ocupante. Para que la cierre y proteja cuando va al médico o a una diligencia al juzgado.

Como los candados son pesados, basta con ponerlos dentro de un calcetín para convertirlos en arma mortal.

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