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Jueves , 18.10.2018 / 18:36 Hoy

Leviatán

Un hombre fuera de serie

Jorge Torres Castillo

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Carlos A. Herrera Araluce fue un hombre emblemático del último medio siglo de Gómez Palacio, no solo por su recia personalidad sino porque tanto en el ámbito empresarial como en la administración pública dejó constancia de su carácter, de su agudeza y de una firmeza sin claudicaciones.

Un hombre que se hizo en la cultura del esfuerzo, con una visión de grandes proyectos y con una tenacidad poco común creó empresas exitosas en el municipio, en el Estado y en la región. Las crisis las enfrentó siempre con determinación y lejos de caer se levantó más fuerte y más decidido a crecer.

En la política incursionó desde 1974, año en el que por primera vez tomó posesión como alcalde de Gómez Palacio y su primera acción fue expropiar la empresa de agua y drenaje y la convirtió en un organismo público que recuperaría un servicio público en manos del ayuntamiento municipal.

Su primera gestión introdujo cambios notables en los usos y costumbres de la política local, como fueron los informes de gobierno que por primera vez se desarrollaron sin los protocolos acostumbrados, por la mañana y en los que el Presidente Municipal presentó los avances de su administración y enseguida todo mundo a su trabajo.

Concentró sus esfuerzos en restablecer la calidad de todos los servicios públicos del municipio y fue trascendental su labor que fue apoyada por el gobernador Héctor Mayagoitia Domínguez, al impulsar el renacimiento y la expansión histórica del Parque Industrial Lagunero.

Años después por segunda ocasión ocupa la presidencia municipal ahora en el gobierno de Ángel Sergio Guerrero Mier, combate la corrupción con un estilo muy personal, reivindica la eficiencia de los servicios municipales y emprende iniciativas importantes para proyectar la imagen progresista de la ciudad.

Uno de sus sueños fue ser gobernador de Durango que no logró por ese localismo trasnochado que no permite a un lagunero ocupar la primera magistratura de la entidad. Un sueño que después quiso ver realizado en su hija Leticia, sin embargo una vez más la decisión de su partido no se lo permitió.

Don Carlos A. Herrera Araluce fue un ave de tempestades, un hombre querido y temido. Un hombre fuera de serie que deja una huella indeleble y una valiosa herencia. Hoy la estafeta será levantada, en la empresa por sus hijos. Su capital político queda en las manos de Leticia, que hereda de él su carácter indomable y su espíritu de combate.


torrescastilloj@yahoo.com.mx

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