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Lunes , 10.12.2018 / 00:42 Hoy

La Feria

Un poeta se ha ido

Jorge Souza Jauffred

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“Nada es igual con todo y permanencia./ Un hombre ama a una mujer. Un hombre/ bendice la claridad de la respuesta./ Al día siguiente, distintos, hombre y mujer/ son roca y mar. Los mismos. Los distintos./ Sólo los crece la brevedad que fueron,/ el instante solamente vivo en la soledad/ del tiempo. Nada es igual. Aún así,/ permanecemos.”

Víctor Manuel Cárdenas (Colima, 1952), autor de estas palabras, falleció el domingo. El poeta, vital, robusto, entrañable, permitió que el destino urdiera en su interior un infarto cerebral que en tres días devoró su vida. La muerte, andaba cerca. Meses antes había apagado la flama del jalisciense Eusebio Ruvalcaba (1951), la del yucateco Raúl Renán (1928) y la del cuentista Guillermo Samperio (Ciudad de México, 1948). La muerte. Su ronda nos recuerda que en su larga lista se encuentra nuestro nombre. No sabemos, es cierto, qué lugar ocupe en su relación; pero de seguro está, como el de estos queridos amigos que se adelantaron.

Trabajaba Víctor Manuel en organizar un festival artístico que se realizará en octubre en su Colima. Los dos primeros días serían de poesía y, entre los poetas, estaban los de Jalisco. En las lecturas del encuentro, la presencia de Víctor Manuel estará en el aire: en las palabras de los poetas; en el corazón de sus talleristas, en el recuerdo de sus amigos. El peso de su muerte viene de pronto a tocar el corazón de quienes disfrutamos su amistad.

Cárdenas, con su poesía, dio forma a una visión particular del mundo. Sus textos, incluidos en más de diez poemarios, muestran a un hombre de palabra luminosa que, con mano segura, desenvuelve su verso sobre el amor, la muerte, el océano, las injusticias sociales, la soledad, el silencio, la vitalidad. La existencia con su complejidad, no le fue ajena. Sus letras, precisas y poderosas, nos dejaron una rica herencia que, poco a poco, sabremos valorar.

Este breve poema refleja la profundidad de su lenguaje: “Rogad por él. Rogad por el río/ que desaparece. Rogad por el mar/ que llevamos dentro. Rogad por nos,/ esos otros que aún no conocemos.” En apenas cuatro versos, surge lo pasajero de la vida en la figura del río; la inmensidad del ser interno representada por el mar; y el desconocimiento de nosotros mismos, inevitablemente inserto en nuestros corazones. Tal es la intensidad de este poeta que siempre será joven y siempre estará presente en las páginas de la historia de la poesía mexicana.

La última vez que disfruté su plática, hace algunos meses en la Casa Arreola de Ciudad Guzmán, al lado de Orso Arreola, Víctor bromeaba. —¿Y qué estas haciendo ahora, Víctor? —Nada, mi mujer me mantiene. —¿Cómo? —Sí, me dijo, mira yo tengo dinero, yo te mantendré para que tú te dediques a escribir poesía. Claro, reímos. Y su risa y su voz grave quedan aún flotando en los oídos, como si no se hubiera ido del todo porque, en realidad, nuestro querido Víctor nunca se irá del todo.

jorge_souza_j@hotmail.com

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