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Sábado , 15.12.2018 / 01:05 Hoy

La Feria

Ninguneo a la cultura

Jorge Souza Jauffred

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Es una lástima la actitud que han adoptado, por una parte, el gobernador electo Enrique Alfaro y, por la otra, el alcalde tapatío Ismael del Toro, hacia la gestión cultural que tienen la responsabilidad de ejercer desde sus gobiernos.

El primero de ellos designó como responsable de los programas culturales de Jalisco a una joven (nada tengo contra ella) que no tiene experiencia en cargos similares, no tiene formación en las distintas disciplinas artísticas, ni identifica el medio cultural de Jalisco. Dígame si eso no es ningunear a la cultura. En cuanto al alcalde Del Toro, primero designó a Víctor Castillo; pero, en castigo por opinar en contra de “Sucede”, un programa sin pies ni cabeza instituido en el trienio anterior, le revocó el cargo para designar a Violeta Parra (nada tengo contra ella), otra joven que tampoco conoce de cultura, ni pertenece a ese ámbito, ni es conocida en el medio. Peor aún: para tratar de amortiguar la reacción de la comunidad cultural, lanzó una especie de encuesta por internet para que los promotores y creadores de arte den su opinión sobre quién puede ser el director de cultura y ¿qué creen? Violeta Parra ganó con más de 400 votos, mientras que ningún otro propuesto llegó siquiera a veinte.

El ninguneo a la cultura pasa por una realidad. Ni Alfaro ni Del Toro son personas que conocen el medio. Eso, naturalmente, no es pecado y los gobernantes no tienen el deber de ser expertos en todas las áreas de su gestión. Sin embargo, sí es su responsabilidad rodearse de especialistas que, en cada una de las áreas, conozcan la materia.

¿Cómo que traen a una chica que dirigía un museo de segundo nivel en Mérida para que dirija la cultura de Jalisco? ¿Cómo que colocan a una chica sin experiencia ni conocimiento del medio en Cultura Guadalajara?

Qué diferente operó, por citar a un gobernador culto, Agustín Yáñez. No sólo creo la estructura que aún prevalece en la cultura de Jalisco, sino que planteó una política cultural clara. Ahora, me preguntaría ¿hay una política cultural en Jalisco? Y si la hay, ¿cuál es? Porque los ciudadanos no la conocemos. La política cultural no consiste sólo en otorgar estímulos a los creadores, apoyar a dos o tres grupos de artistas, y cuidar —muy mal por cierto— el patrimonio arquitectónico e histórico de la entidad. La política cultural es otra cosa. Pero eso lo deben saber, precisamente, los funcionarios responsables de esas áreas.

Por lo pronto, resulta muy triste este ninguneo hacia la cultura de Jalisco, una de las regiones más ricas en tradiciones (mariachi, charrería), literatura (Azuela, Arreola, Rulfo), pintura (Orozco, Izquierdo, Arévalo), Cine (Del Toro) y un largo etcétera. Ojalá que nuestros gobernantes se preocuparan más, no por ver las actividades culturales como negocio, sino entender a la cultura como instrumento de transformación para mejorar el nivel de vida de los jaliscienses. Esa es la visión que deberían sostener; lástima que sigan dando bandazos.



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