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Domingo , 27.05.2018 / 00:57 Hoy

La Feria

Los restos de Barragán, en exhibición

Jorge Souza Jauffred

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Imagine que, cuando usted muera, sus restos, convertidos en ceniza, serán entregados por su familia a un artista conceptual para que con ellos realice una de sus obras: tal vez una pieza de artesanía o un platón con dibujos dorados o una repisa para la casa de sus nietos o, mejor aún, un diamante que será exhibido orgullosamente en galerías de Europa y Estados Unidos. ¿Le gustaría?

Los restos del arquitecto tapatío Luis Barragán (1902-1988), quien en alguna ocasión señaló que “toda arquitectura que no exprese serenidad no cumple con su misión espiritual”, han sido convertidos en un diamante que expone su creadora, la artista conceptual Jill Magid, en una galería de Suiza, y pronto lo hará en una de San Francisco.

El gobierno de Jalisco permitió que la familia del genio recuperara las cenizas de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para entregarlas a Jill Magid, una “enamorada” de la obra del famoso arquitecto jalisciense, ganador del premio Pritzker de Arquitectura 1980. El proyecto consistió en procesarlas y convertirlas en un diamante que en estos momentos se exhibe en una galería.

¿La justificación de Magid? Los restos de Barragán, convertidos en diamante, se ofrecerían a cambio de sus archivos, que fueron llevados a Suiza por Federica Zanco, una estudiosa del maestro, después que su esposo los adquirió en tres millones de dólares. Magid pretende negociar cenizas por papeles.

Como en tantos otros casos los archivos de Barragán se fueron del país porque las instituciones mexicanas no tuvieron la capacidad ni el interés de retenerlos. Tal ha sido el destino de innumerables colecciones de objetos, libros, códices, documentos, planos, mapas y hasta bibliotecas enteras que se encuentran en ciudades estadounidenses o europeas.

Este caso es inusitadoporque son los restos de un ser humano, o parte de ellos, los que se están ofreciendo a cambio de sus archivos. Es decir, es un intercambio. Un negocio. Como si se tratara de mercancías, todo sustentado en la ley de la oferta y la demanda; es decir, dentro de la ideología de nuestra cultura. Las cenizas del genio, debidamente diamantizadas, a cambio de sus planos y documentos. Tú ganas, yo gano. Todos ganamos.

No podemos, sin embargo, dejar de preguntarnos: ¿de verdad se trata de un destino digno para los restos del arquitecto mexicano más destacado del siglo XX? ¿un hombre que creó su obra en los límites de la estética de la luz y la austeridad, merece ser exhibido en las galerías como una obra de arte conceptual? Cómo es que el gobierno de Jalisco no reflexionó antes de autorizar, primero, y apoyar con dinero, después, este extraño proyecto. Tal fue el poder de convencimiento de Jill Magid.

Ojalá que los involucrados den marcha atrás al proyecto y los restos de Barragán vuelvan a la urna que los espera en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, donde deberían estar. Barragán, ahora convertido en piedra preciosa, debe regresar a su lugar de descanso definitivo. Y, por favor, déjenlo ya en paz.

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