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Domingo , 21.10.2018 / 01:53 Hoy

La Feria

"Leer a los amigos"

Jorge Souza Jauffred

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“Divagar es una manera de pensar, libre y sin propósito definido. Es un estado del alma serena, que se permite, desde su inmovilidad, el trayecto”.

Estas palabras de Carmen Villoro, destinadas a presentar un libro de Roberto Castelán, sirven muy bien para mostrar la intención, el timbre claro y el tono —pausado, sobrio, envolvente—con que borda su voz un nuevo título: Leer a los amigos, su obra más reciente, exquisito muestrario de textos, breves en su mayoría, muy bien logrados, cada uno con sus propios brillos y matices.

Carmen Villoro nació en la ciudad de México, pero se ha convertido ya tan tapatía como la torta ahogada. Su presencia y su trabajo forman parte del corazón literario de Jalisco, mientras nosotros, como ganancia por su decisión de habitar en nuestra urbe, obtuvimoslas recetas secretas de su abuela, cocinadas y compartidas por su mano.

Autora de una veintena de libros de poesía, prosa poética y obras para niños, Carmen ha sido prestigiosa psicoanalista, coordinadora de talleres literarios, directora de un equipo que publicó durante cinco años, mes a mes, la revista Tragaluz, y actualmente, además de integrante del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, anima una tertulia de escritoras que, lunes a lunes, se reúnen en su casa para leer, escribir, integrar proyectos y publicar antologías. La más reciente de ellas lleva el significativo título de Claro de lunes.

El nuevo libro reúne 57 textos escritos a lo largo de veinte años, como obsequio a quienes, desde la amistad, le han pedido una presentación, una reseña, una introducción, un prólogo; palabras, todas ellas que,una vez escritas, pasaron a dormir en el baúl del tiempo y que, apenashasta ahora, cuando la Secretaría de Cultura de Jalisco lo publicó, han despertado para ocupar su sitio en este volumen, lleno de calidez y de armonía.

En estas páginas encontramos las huellas de maestros de la poesía, ahora extintos, como las de un Hugo Gutiérrez Vega en pijama y pantuflas; o las de un Gonzalo Rojas,convertido en profeta transgresor de la palabra.

Pero también las voces de autores aún vivos y destacados, como la de Efraín Bartolomé, el vate chiapaneco, ojo de jaguar, que se “desmadeja en versos”;o la del nómada erudito que ha sido Marco Antonio Campos, tan lleno de caminos; o la de la poeta y bailarina Zelene Bueno, que gira entre el amor y sus moradas; o la de Ricardo Yáñez, poeta de la flauta, amante del dibujo, conductor de talleres, y hacedor de cantos; y las voces de muchos, muchos más, todos amigos, abriendo y cerrando su palabra, latiendo como corazones, recuperados en el verbo amoroso de la autora.

En este nuevo libro, Carmen Villoro recupera y trae a nuestra mano, con engañosa facilidad e innegable eficacia, la esencia de medio centenar de textos escritos por amigos, para que quede testimonio de esa luz que cada uno de ellos encendió en el horizonte amplísimo de las letras mexicanas.

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