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Lunes , 22.10.2018 / 12:02 Hoy

La Feria

De sueño y poesía

Jorge Souza Jauffred

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Antes de comenzar, quiero pedir una disculpa porque el título de mi columna anterior, por obra de esos duendes invisibles que actúan en las redacciones, se pegó con la dedicatoria y quedó sumamente extraño: “Del exilio a Zelene Bueno”, decía; cuando el título era sólo “Del exilio” y la dedicatoria debía ir en reglón aparte.

Hecha la aclaración, comenzamos. En su obra maestra, Calderón de la Barca, en voz de uno de sus personajes, pregunta “¿Qué es la vida?” y, como posible respuesta abre una nueva interrogación inquietante: “¿una ilusión, una sombra, una ficción? Para agregar, renglones después, la tan famosa frase: “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Así, desde esa mirada, la vida parece constituida por la materia efímera, evasiva e irreal de lo onírico, de lo imaginario.

Hugo Gutiérrez Vega, al referirse a la existencia humana en uno de sus poemas más bellos, se pregunta: “¿No terminará nunca la galería del sueño?/ ¿Qué hay detrás de este andar sin ver caminos?/ ¿Dónde se detendrán nuestras palabras?/ ¿En qué cauce se desnudará el aire de la búsqueda?”

Y en el mismo poema nos revela: “Amigo, el tiempo no responde./ Pregunta, que la esfinge esta dormida./ Está dormido Dios./ Tú y yo estamos aquí tocando con los dedos la inútil galería.”

¿Qué nos dice el poema? Parece equiparar también la experiencia del ser humano en el mundo con una “galería del sueño”, y cuando inquiere qué hay detrás de este andar, la respuesta que podríamos esperar —una respuesta contundente y esclarecedora, una respuesta directa— nunca llega. No hay quien pueda proporcionarlas. La esfinge, aquella figura mágica mitológica está ahora dormida. No responde. Más aún, Dios, el padre y creador del universo, se ha dormido también y permanece en el silencio.

Pero, el poema tal vez esté diciendo algo más: que ninguna deidad dará respuestas a las interrogantes humanas, porque es parte del destino del hombre, de este “andar sin ver caminos”, responder a sus propias interrogantes: recorrer esa galería del sueño buscando la clave de la vida. Andar por los senderos observando, experimentando, la existencia, para encontrar el fundamento, lo que hay atrás y, con palabras propias, construir los horizontes del peregrinaje.

Dios calla. Pero ha permitido a los seres humanos empeñarse en encontrar las fórmulas precisas, las palabras, que le abran puertas a aquellos universos donde finalmente las respuestas se realizan.

Palabras, palabras, palabras, diría Shakespeare. En nuestras palabras está la única respuesta a las interrogantes. Nuestra lengua, nuestra habla modela el sueño en el que estamos inmersos.

Nuestra habla (que ha sido denominada “la casa del ser del hombre”, acertadamente, por Heidegger) es tanto instrumento de búsqueda como camino a seguir. Ruta y encuentro. Atadura y nudo, que emerge de nosotros y nos guía hacia el puerto final o al extravío. Y la poesía, ejercicio máximo del habla, se convierte instrumento para alcanzar lo indecible; aquello que de otras maneras no podría ni siquiera vislumbrarse. Pregunta, pues, por nuestra condición humana y deja que la poesía te responda.

jorge_souza_j@hotmail.com

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