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Miércoles , 17.10.2018 / 02:52 Hoy

La Feria

¿Cultura electoral?

Jorge Souza Jauffred

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Pobre Guadalajara. Hace poco más de veinte años teníamos el orgullo de que se le reconociera como la ciudad más bella de México. Hoy estamos muy lejos de esa distinción. Aquella hermosa “Ciudad de las rosas”, que conocí y disfruté, (como aparece en la película “Guadalajara en verano”) se convirtió en una especie de monstruo, gracias a los pésimos gobernantes panistas (principalmente) y priístas que nos han gobernado los años recientes.

La ciudad creció sin ningún orden. Las nuevas colonias populares no tienen parques ni jardines porque los gobernantes los vendieron; las calles no son suficientes (ver Av. De Aviación) porque los gobernantes las vendieron; las bellas avenidas, como Vallarta o Libertad, son zonas comerciales donde no hay jardines ya sino cocheras, las banquetas se encuentran rotas y chaparras, las vialidades están parchadas y, bueno, hasta los parches de los baches están parchados. No parece haber nadie que levante la voz y pare la destrucción de nuestra urbe, de nuestro habitat, la “Ciudad blanca” ha sido sometida por las ambiciones y por la ignorancia de nuestros gobernantes.

El Centro Histórico, otrora orgullo tapatío, está inundado de vendedores ambulantes que se burlan de las leyes y los reglamentos. Sí, tienen derecho a trabajar, pero no en cualquier parte, por favor. En todas las ciudades hay zonas privilegiadas visualmente, en donde no se realizan actividades de este tipo. .

Así que en sólo veinte años, Mérida supo preservar sus esplendorosas avenidas, Monterrey se embelleció, Zacatecas se convirtió en una joya, Morelia se hermoseo y hasta Tepic logró avanzar en su imagen urbana. Sólo Guadalajara va para atrás, sólo nuestra ciudad se ha perdido parques, calles, jardines, gracias, repito, a los gobiernos de los últimos 20 o 22 años.

Ahora los partidos políticos y sus candidatos y algunos miembros del gobierno han desatado la más sucia campaña electoral de que se tenga memoria, una campaña que nos avergüenza a todos, nada menos que para buscar (¡qué cinismo¡) el voto ciudadano. ¿Por quién votar entonces? Los partidos no parecen tener una idea clara para abrir nuevos caminos y ensayar nuevas rutas de vivir la ciudad, de transformarla. Enarbolan promesas imposibles de cumplir que alcanzan, lamentablemente, aunque con ciertas excepciones, el ámbito de la cultura. Si bien es cierto que casi todos los aspirantes respondieron la encuesta de MILENIO sobre cultura (y este es un valioso testimonio), también lo es que no fueron más allá de los lugares comunes y de ofrecimientos imposibles.

Ni siquiera parecen entiender a la cultura como la piedra fundamental para construir una nueva sociedad. Ofrecen, eso sí, cultura en las colonias ¡Ojalá! Espacios para los creadores ¡Ojalá! Aumento de presupuesto ¡Ojalá! Ya veremos si el vencedor nos cumple o si, como tantas veces ha ocurrido, la saliva se convierte en el mayor patrimonio de una clase política más joven, sí, pero no por eso más digna e inteligente.

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