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Domingo , 09.12.2018 / 14:35 Hoy

La Feria

Carromatos a cambio de un símbolo histórico

Jorge Souza Jauffred

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1De la capacidad del alcalde. ¿Tiene la capacidad y el conocimiento suficiente el presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, para tomar la determinación de quitar las calandrias de Guadalajara?

¿Puede un personaje político, quienquiera que sea, eliminar un símbolo de la ciudad?

¿Tiene el alcalde el conocimiento y la calidad moral para colocar esos extraños carros en lugar de las calandrias?

Por supuesto que no.

2. De la voz de los especialistas. La Comisión de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Intangible de Jalisco, formada por especialistas, dejó en claro que las calandrias constituyen parte de ese patrimonio y son, desde hace muchos años, un símbolo identitario de los tapatíos. Su figura —al igual que las torres de catedral y el charro— está integrada al imaginario colectivo de la ciudad.

En un documento, este organismo sugirió que se proteja a los caballos a través de un reglamento adecuado, que incluya jornadas racionales, distancias reducidas y buena alimentación, entre otros puntos. El documento, hasta donde sé, llegó a manos del alcalde, pero no fue tomado en cuenta. Se mantuvo el proyecto de sustituir un ícono de significado identitario por carromatos mecánicos, desligados de la historia de nuestra ciudad.

3. De la protección de los equinos. Si se trata de proteger a los caballos, la medida es incierta y equivocada. Lejos de protegerlos, los dejará en el desamparo. Ante los nuevos hechos, serán inútiles y a los animales inútiles aquí se les quita la vida.

Baste recordar que al menos mil 500 bestias de circo han muerto ya como consecuencia de la iniciativa del Partido Verde (un partido vinculado con frecuencia a hechos de corrupción) que prohibió a esas empresas emplearlos en sus funciones. La mayoría de las 300 o 400 que quedan aún vivas lo hacen en condiciones deplorables.

4. Del destino de los caballos. Lo mismo ocurrirá con los equinos. Cuando ya no sirvan para tirar de las calandrias, su destino será el rastro; y, ahí sí, pobres bestias, porque los métodos de matanza en Guadalajara son excesivamente crueles, como lo puede constatar cualquiera que acuda a presenciar el sacrificio. Vacas y puercos chillan mientras se les sacrifica con métodos rudimentarios, más baratos, que provocan, en ocasiones, que sean desollados cuando aún están vivos.

5. Del cuidado a los animales. Nadie debería maltratar a un animal. Nadie debería golpear a un caballo u obligarlo a jalar calandrias jornadas extenuantes. Su actividad debe reglamentarse. Pero tampoco deberíamos devorar a las bestias. Eso es mucho más cruel que hacer que un equino trabaje. Ahí es donde los defensores de los seres sintientes deben enfocarse; que trabaje un caballo no es nada, ante el dolor de una vida destinada al rastro.

7. De la conclusión. Alfaro no tiene derecho a eliminar un símbolo de la ciudad. Que elabore un reglamento para proteger a los caballos y mantenga las calandrias. Ah, y que comience por no comer animales, si realmente pretende protegerlos.

jorge_souza_j@hotmail.com

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