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Miércoles , 12.12.2018 / 15:29 Hoy

La Feria

Alfaro, ¿sistema de cultura para Jalisco?

Jorge Souza Jauffred

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Hace un par de semanas, el candidato a gobernador por Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro, expuso su propuesta cultural ante más de un centenar de creadores y gestores. A su lado estuvieron Alejandro Matos, director de las Fiestas de Mayo e Igor Lozada director de Cultura U de G. Dos sólidos avales.

Su planteamiento, dividido en cinco apartados, fue presentado sin mayores detalles. Incluyó, más que los elementos básicos de su política cultura, una serie de buenas intenciones (como por ejemplo disminuir la burocracia) que no se sabe cómo podrían instrumentarse.

Sin embargo, el acto dejó una buena impresión porque tuvo un carácter incluyente. Fue una forma de decir: “estoy abierto a escucharlos”. Tuvo además el gesto de señalar por su nombre a una serie de protagonistas culturales que, al salir, lucían orondos. Además, mostró que hasta ahora ha sido el único candidato preocupado por elaborar una propuesta.

Entre los puntos fundamentales de su planteamiento resaltó una idea que ha causado cierta polémica: Crear un “sistema” o “gabinete” de cultura para Jalisco. Sin dar detalles y sin brindar mayor claridad sobre este tema, Alfaro dio la impresión de que con ello pretende abrir la puerta de la institución cultural para volverla más inclusiva; es decir, se trata de generar nuevos espacios para que los actores culturales tengan mayores posibilidades de participar en la gestión. Sin embargo, está claro que un sistema o un gabinete de cultura no resolverán los problemas graves que presenta la promoción de las artes en Jalisco. En la base se encuentra la falta de una clara política cultural que, como Agustín Yáñez señaló en varias ocasiones, sirva para que los ciudadanos vivan mejor, se desarrollen en condiciones más positivas y accedan a mayores niveles de bienestar; es decir, la cultura es para que todos vivamos mejor. Lamentablemente, esta idea no ha sido tomada en cuenta en los últimos años y si bien los programas son positivos en general, hay graves vacíos en su diseño y aplicación.

La creación de un sistema de cultura, en cambio, podría duplicar funciones con otro organismo que, en principio, debería ser el instrumento de artistas y gestores para dialogar con el gobierno: el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA) que en estos momentos preside Efraín Franco.

Es ahí donde puede Alfaro mostrar su intención de inclusión. Ahí deben estar representados los creadores por sus pares más prestigiosos. Ese es el espacio donde los artistas pueden adoptar posturas y presentarlas a las autoridades. Ese es el espacio en donde puede encontrar opiniones valiosas antes de la realización de los programas.

Ciudadanizar el CECA

Para lograrlo, claro, es necesario ciudadanizar, ahora sí, en serio, lo que desde el principio debió ser un consejo integrado por ciudadanos (valga a redundancia). Ciudadanos que vivan el mundo de la cultura, que conozcan las necesidades y posibilidades de sus disciplinas y que sean capaces de generar una voz que dialogue con el gobierno y lo asesore en caso necesario.

Lamentablemente, el CECA no lo ha sido un consejo ciudadano. Nació herido de muerte. Casi la tercera parte de sus integrantes está formada por funcionarios del gobierno y a los otros miembros los elige el gobernador a través de la Secretaría de Cultura. Así, se pierde el espíritu que animó la creación de este organismo y se le convierte, como ha sido, en un espacio o de confrontación o de sujeción.

Y es que en el CECA cabe todo mundo. Desde prestigiosos autores que merecen el mal alto respeto, hasta chicos recién salidos del horno, que no tienen conocimiento de la actividad cultural en el estado, pero que están prestos a defender posturas o a lanzar ataques.

Si Alfaro desea abrir las puertas a los artistas y crear un gabinete donde todos quepan, es mejor que promueva ante el Congreso y con celeridad la reestructuración del CECA, y ahí, él y sus representantes culturales podrán construir un espacio de encuentro, de diálogo provechoso para la promoción de la cultura. Ahí escuchará los verdaderos problemas que afectan a la comunidad, como por ejemplo el dificilísimo acceso a los recintos para presentar obras escénicas o la falta de programas para los grupos minoritarios. Ahí encontrará, si sabe cultivarlos, asesores positivos que beneficien su gestión. No es necesario crear un sistema cultura y cargar con un mayor aparato burocrático. Sólo se requiere reestructurar al CECA. Convertirlo en que debe ser para que Alfaro, en su seno, escuche en forma incluyente a más de veinte voces de distintos sectores, cuyas opiniones le brindarán elementos para decidir por dónde debe marchar el presupuesto cultural.

El CECA, amigos lectores, no es para someter o dificultar la voz de los artistas. Eso lo mata. Por el contrario, debe ser una estructura de reflexión, de acuerdos y, sobre todo, de diálogo entre los creadores y el próximo secretario de Cultura, quien en esa forma podrá atender mejor a la comunidad cultural y encontrarse, en el mejor de los sentidos, con ella.

jorge_souza_j@hotmail.com

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