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Sábado , 26.05.2018 / 03:20 Hoy

Cosmovisión

La higuera en la piedra

Jorge Reynoso M.

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Un día, caminando por la sierra, disfrutando del paisaje y del descanso del fin de semana, encontré algo que llamó poderosamente mi atención: una pequeña higuera creciendo en una piedra.

Tanto llamó mi atención el nacimiento de ese árbol en un medio tan hostil y tan diferente al tradicional, que irremediablemente lo relacioné con la disposición que tiene cada ser humano para afrontar en la vida tantas dificultades.

Cuando veía la higuera creciendo en la roca, paralelamente me acordaba de mucha gente que he escuchado, a lo largo de mi vida, decir estar deprimida, con problemas, que no podían salir adelante o con falta de tiempo para realizar un trabajo por no estar en un medio adecuado.

La higuera en la piedra me hizo pensar en todas aquellas personas que no supieron adaptarse al medio ambiente y sucumbieron ante las adversidades, sin entender siquiera el para qué de su paso por la vida.

Muchos pensamientos pasaron por mi cabeza; me alegraba cuando veía esta higuera cumpliendo con su misión en la tierra... crecer a pesar de todo. Ello me llevó a la reflexión; una reflexión que sólo me reafirmaba lo que ya sabía: Que no importa el medio en que uno viva, o en qué familia haya nacido, si es pobre o rico, si nació en el primer mundo o en el último, si nació con problemas o sin ellos. La vida tiene muchas facetas y nosotros, al igual que la higuera, sólo tenemos que crecer a pesar de los obstáculos, aprender y crecer espiritualmente.

Ese es nuestro fin, nuestro destino en nuestra evolución. Sucumbir en nuestra evolución es sólo demorar nuestra felicidad. Anímate y sé como la higuera; no sólo crece, sino también da tus frutos para que otros también puedan crecer. Autor anónimo.

Amigo lector, las adversidades forman parte de nuestra vida y si cada una de éstas tiene al menos, tres respuestas: evadirlas, sufrirlas o confrontarlas... Desarrolle la capacidad de enfrentarlas y la habilidad para que a partir de ellas crezca.

Compruebe cómo muchas de las que parecen adversidades resultan ser oportunidades; que los contratiempos también gestan fortalezas, que el optimista no se rinde ni deja que el azar decida, que sólo triunfa el que sabe perder, el que cuando enfrenta dificultades, sabe que puede vencerlas. Acepte que el verdadero problema no radica en la adversidad, sino en la actitud que tome frente a ella.

Ante la frustración del fracaso, tenga la humildad de reconocerlo, la fuerza para recuperarse y el valor para reemprender la lucha por sus anhelos. Y consciente que perseguir una meta implica enfrentar un largo camino plagado de NO´s y de gente convencida que si el éxito no fue para ellos mucho menos lo será para usted, también conocerá personas que crean en usted... aún más, que muchos de sus seres más queridos. ¿Usted qué opina?

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