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Jueves , 18.10.2018 / 10:01 Hoy

Cosmovisión

Cuento del mago y las ovejas

Jorge Reynoso M.

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Era un gran rebaño de ovejas que vivían libres y felices por todo el valle comiendo hierba fresca y bebiendo agua cristalina. Un día, apareció un mago -al que le gustaba mucho comer ovejas- que para disponer de ellas, instaló una valla de madera.
Las ovejas inteligentes cuestionaron el por qué y para qué la valla y decidieron escapar brincándola. Luego, el mago construyó un gran muro de piedra para que no escaparan, pero las ovejas hicieron agujeros en el suelo y salieron por debajo del muro.
Así, el mago ideó una estrategia: Una noche invitó a las ovejas a un convivio. Las felicitó y les habló de cosas obvias, como que sabía que gustaban de la hierba fresca, el agua cristalina y vivir en comunidad y en libertad. Y les aseguró que siempre sería así. Pero entre palabra y palabra, el mago introducía palabras de manipulación, que las ovejas se tragaban sin darse cuenta.
El convivio se alargó tanto que a las ovejas les dio sueño. Cuando estaban medio dormidas, el mago se acercó a la oreja de cada una de ellas a susurrarles: A una le dijo que era la más inteligente, a otra la más importante, a otra la más apta para ejercer autoridad, a otra que su oficio era el más digno, a otra que sería una gran policía, y así, una tras otra, a todas les repartió importantes cargos y roles.
Todas se quedaron fascinadas, hipnotizadas con el mandato conferido, tanto, que empezaron a identificarse más con éstos, que con su condición de ovejas. Se convirtieron en lo que hacían y empezaron a sentirse unas mejores que otras, hasta llegar a vigilarse y a controlarse entre sí. El mago ya no requería de muro alguno. Las controlaba, haciendo que se controlaran ellas mismas.
Hoy, las ovejas continúan vigilándose unas a otras, y si alguna “despierta” la castigan y/o la meten al calabozo, por traidora o por alterar el orden, hasta que ésta se vuelva a dormir, o si sigue despierta permanecerá encerrada.
Cuando el mago ve que se pelean entre sí, le da igual; lo único que le interesa es tenerlas controladas y a su disposición, para comerse una cada vez que le dé hambre. Autor anónimo.
Amigo lector: son tiempos electorales... cuídese de los magos. Usted, ¿qué opina?

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