• Regístrate
Estás leyendo: Revelación democrática
Comparte esta noticia
Martes , 18.09.2018 / 23:06 Hoy

Cartas de América

Revelación democrática

Jorge Luis Fuentes Carranza

Publicidad
Publicidad

La ruptura del sistema de partidos en México no es novedad en un esquema en donde en realidad el país nunca estructuró una democracia de partidos debidamente situados en los ejes de izquierda y derecha alternando entre ambos; sin embargo, por muchos años privó la posibilidad de que el partido único consiguiera durante el “Milagro mexicano” transitar entre el autoritarismo ramplón y la diversidad concentrada en un solo eje.

Cuando por las repetidas crisis de la “docena trágica” (1970-1982) el régimen pierde su esencia revolucionaria por completo y se da la primera fractura con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988; comienza, lleno de accidentes políticos y sociales, el transito a la democracia que brindó una esperanza a las bases sociales, que mudaron del PRI a la diversidad partidaria, teniendo su año cumbre en el 2000 con el triunfo de Vicente Fox.

Con su periodo hubo la oportunidad de cerrar la pinza entre el simple conteo de votos y la libertad en su emisión, siendo ésta última la sustancia misma de la democracia; fracturada por el mismo Fox en su doble aspecto: libertad del sufragio y debida suma del mismo.

Sin estos elementos, la elección de 2006 abrió el camino al vaciamiento institucional mexicano apenas existente que con el mandato de Felipe Calderón se agravó por la crisis de seguridad acentuada por Peña Nieto, quien aniquiló el falso debate de las reformas estructurales como único lastre para nuestro desarrollo de una forma sencilla: implementándolas.

La utopía neoliberal de las privatizaciones cayó por su propio peso en el momento cumbre de su aplicación. La modernización como meta última no pudo ser en un país con grandes inequidades y rezagos ancestrales, solo consiguió romper el débil arreglo político existente.

En un marasmo de inequidades, ineptitudes, hechos indignantes y realidades cada vez más alarmantes, los aglutinadores sociales dejaron de serlo y se erosionaron hasta perder casi por completo su capacidad de integración social, útil particularmente en época electoral.

Los sindicatos, organizaciones empresariales, agrupaciones sectoriales; así como la famosa gran estructura del PRI se fueron quedando sin militancia y sí con grandes listados con claves de elector producto de los padrones de programas sociales o dádivas de todo tipo, que hoy, no garantizan más un evento medio lleno y sin entusiasmo de sus candidatos.

La sociedad, la verdadera, por su parte, se fue hacia todos lados, inconexa. Se dispuso a caminar sola y los dominadores de antes pensaron que la novela orwelliana de 1984 sería su salvación: dominarían a sus viejas clientelas mediante los medios de comunicación, el espionaje, el miedo y el hambre.

Ensayaron en el Estado de México con una ventaja tan pírrica que casi no resulta, pero que fue suficiente para envalentonar los resabios del viejo PRI modernizado en su faceta del dinero de cuates y tan atrasado como los votos comprados y amenazados de Alfredo del Mazo. Ése fue el coletazo del dinosaurio.

Aunque su práctica se extendió a las otras fuerzas políticas, en particular al PAN, que como auguró uno de sus líderes: ganó el poder y perdió el partido. Fox consiguió lo que ningún panista, pues no fue panista, y sus años recientes lo demuestran con claridad.

Por ello el PAN gobierna estados y municipios como lo hiciera el PRI pero viviendo la misma realidad: el voto corporativo está en extinción.

La condición de triunfo de Andrés Manuel López Obrador radica en la incapacidad de aglutinación del voto mediante prácticas fraudulentas del PRI y PAN; y la imposibilidad de éstos de obtener el voto por medio del convencimiento es tan inexistente, como los buenos resultados de sus gobiernos y el cumplimiento reiterado de sus promesas de campaña.

Sabemos que la primera condición democrática no se dará este primero de julio en términos estrictos; sin embargo, la segunda, sobre la libertad en el sufragio será tan apabullante por la falta de control clientelar que vencerá con creces al fraude contable.

Aunque dicha pérdida de control no es por la falta de instrumentos o condiciones reales de coacción o compra del voto, mucho menos por la ausencia de voluntad para practicarlas; sino más bien por la existencia de una auténtica insurrección democrática que se revelará masivamente con la esperanza de obtener una libertad democrática que resulte en el establecimiento de un nuevo régimen de partidos políticos en México.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.