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Jueves , 21.06.2018 / 08:10 Hoy

Cartas de América

Militar en la izquierda (I)

Jorge Luis Fuentes Carranza

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No, no estoy hablando de la existencia de un militar en la izquierda (a lo que no me opongo), sino de la militancia en ése sitio del espectro ideológico-político que agrupa a quienes vemos en la igualdad social la base fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad. Hace un año escribí en este espacio (http://goo.gl/mwYR5c) los motivos que provocaron mi perdida de militancia, entre otras cosas, por considerar que había dejado de militar en la izquierda, aunque guardara militancia.

Ambos elementos son de suma importancia, tanto la militancia, como que ésta sea de izquierda. No entiendo la actividad política de otra forma. Puede ser una deformación heredada a temprana edad, pero así lo veo y en ello ocuparé este espacio de reflexión: en dilucidar, tal vez sólo para mí, el motivo de mi afirmación.

Por el simple orden de las palabras, comenzaré con la militancia. La militancia o la pertenencia a un club, asociación de pensamiento, sindicato obrero o asociación civil puede ser originada por casualidad o por pretensión, pero finalmente, el hacerlo es una decisión individual. En el caso de un partido político debemos recordar que el propósito es “conquistar el poder y ejercerlo” (Maurice Duverger, “Los partidos políticos”). Y como refiere el mismo autor, la doctrina en la formación de los partidos políticos (PP) es posterior a su incipiente agrupación, por lo que antes, prevalecieron “la vecindad geográfica o la voluntad de defensa profesional” como motivos de identidad.

En el caso de la izquierda latinoamericana, con excepciones, su integración se dio para enfrentar a los regímenes autoritarios que se imponían en casi todo el hemisferio sur con la intervención de los Estados Unidos, principalmente con formaciones guerrilleras que derivaron en PP.

En México hubo varias combinaciones y factores que llevaron a que nuestra izquierda partidaria fuese atropelladamente diversa. Que ésta se moviera en función de coyunturas o de agentes externos (el régimen priísta o la influencia soviética) y no de una agenda propia con objetivos claros y al alcance. Una izquierda contradictoria, cambiante y confrontada. Pero que al fin y al cabo, agrupó a las mejores mentes que hemos tenido: José Revueltas, David Alfaro Siqueiros, Heberto Castillo, etc.

Militar en la izquierda era “decir que nos proponemos liquidar el sistema económico y político que impera en nuestro país para sustituirlo por un sistema nuevo y superior” (Carlos Fonseca, “Obra fundamenta”), y lo que para Fonseca implicaba militar en Nicaragua, también para sus colegas uruguayos o mexicanos.

Quienes se oponían al sistema encontraban en la militancia de izquierda un espacio de realización en el combate del enemigo común, antes que ideológico; ya sea que lo hicieran en un PP o en alguna agrupación guerrillera. Finalmente, dicha militancia se centraba en eliminar al régimen en turno. Eso fue lo que agrupó entonces a los militantes.

Discutir, analizar y concretar ideas sobre dicha pertenencia era el pan de todos los días, y los inacabados debates, naturales del intercambio serio de las ideas, se convertían en posicionamientos posteriores a la ya tomada definición de participar en una agrupación política. Pero siempre estaba presente que se militaba con un objetivo principal: derrocar al régimen prevaleciente para imponer (entonces, incluso desde las armas) uno “nuevo y superior”.

En ésa condición se parte ahora, del conflicto, o más bien éste hace la partida. Vivimos en un conflicto social entre visiones de país, por lo tanto buscamos el encuentro con quienes aspiran a la misma solución del conflicto bajo el mismo medio. El encuentro de las formas y los fondos determinan la necesidad de agrupación. Que no se compartan uno u otro, propicia la derrota de ambos; así como pretender hacerlo en solitario.

Poniendo la mira en la transformación del sistema que predomina a pesar de su inoperancia, clarifica en la generalidad a quienes sinceramente pretenden lo anterior; descalificando al farsante por sus actos, dichos u omisiones.

Sin embargo, el idealismo romántico impide distinguir entre lo posible y lo ideal. Poder ver en coyunturas de época los acentos y matices propicia la viabilidad de la militancia; que además de la pertenencia, busca la efectividad en el campo de lo posible.

Cambiar objetivamente la vida de la sociedad haciéndola más justa y menos desigual mediante la única herramienta política viable que existe, desde una militancia política en común, conduce a militar en un partido político determinado.

Uno, que a pesar de sus naturales contradicciones, es el único que actualmente tiene la izquierda mexicana para darle la vuelta al régimen descompuesto que nos gobierna; y que debe, por el bien común, ser expulsado del poder.

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