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Sábado , 23.06.2018 / 17:40 Hoy

Cartas de América

La madre tierra a la urnas

Jorge Luis Fuentes Carranza

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Nadie le hace caso, nadie la toma en cuenta, casi no la recuerdan, salvo cuando hay que aprovecharse de ella o cuando sufrimos del abuso que le propinamos. Esa es la realidad tanto de la madre tierra, como de aquéllos que desde este lado del mundo, en este continente, viven antes de que llegaran a "descubrirlos".

Lo anterior, tristemente, no es novedad, lleva muchos siglos así. Salvo episodios aislados e inconexos en el continente, la visualización de la otra realidad es nula.

La complejidad que encierra entender al habitante originario para quienes hemos sido educados bajo la escuela de occidente, con sus filósofos atenienses, sus guerras religiosas; y recientemente, sus regímenes "democráticos"; es la misma que embarga a quienes conocen de "usos y costumbres" comunitarios, de un respeto religioso a su entorno natural, así como a las formas que los siglos les han enseñado sobre cómo decidir.

Ello explica con suficiencia la negativa reiterada de los pueblos originarios de América Latina por participar en las luchas de poder de quienes durante siglos les han fustigado y explotado.

Salvo excepciones como en Bolivia, la posibilidad de que una representación indígena tome el control del Estado nacional bajo las condicionantes democráticas occidentales, es prácticamente nula. Y más en México, que apenas tiene 15 millones de indígenas (alrededor de 10%) y más de cien millones de mestizos; mientras que en Bolivia, la relación es de 37% de indígenas y 59% de mestizos.

Lo cual no evita la necesidad histórica de nuestra nación de reconocer, que no otorgar, derechos centenariamente negados a nuestros pueblos originarios. Detener el abuso obsceno que se hace de sus riquezas o el exterminio silencioso de sus comunidades y culturas.

Por ello, hace 22 años, nació el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Para poner un freno a su invisibilización ancestral y hacer un cambio en el sistema opresor que les aniquila. Cimbraron a México y al mundo, sin duda.

Pero su principal logro, los acuerdos de San Andrés Larrainzar, fue diezmado constitucionalmente por un obscuro pacto parlamentario en el senado de quienes hoy aplauden su decisión de transitar de "Los Caracoles" a las urnas. El tiempo los lleva, bajo caminos diferentes, y tal vez, objetivos distintos, a los mismos resultados: mermar a la principal fuerza opositora de México.

Lo cual, por sí sólo, no está mal. Nadie tiene el derecho único de la representación de quienes no están de acuerdo con el sistema existente; tampoco, nadie debe pretender tener en la mano la llave de la esperanza o la salvación nacional.

El problema viene después, con la enfadosa, terca y persistente realidad que termina por retornarnos al mismo sitio de partida: ¿qué hacer ante la derrota, la mía, la tuya y la de la mayoría?

Abrir brecha, definir un rumbo, apropiarse de una lucha justa es valiente. Llevarla, por capricho, al ostracismo, es irresponsable.

Ya lo dijo el hoy Sub comandante Galeano, con su magnífica prosa:

"Si no hay un punto geográfico para ese mañana, empezamos a juntar ramitas, piedritas, jirones de ropa y carne, huesos y barro, e iniciamos la construcción de un islote, o más bien, de una barca plantada en medio del mañana, ahí donde ahora sólo se vislumbra una tormenta. Y si no hay una hora, un día, una semana, un mes, un año en el calendario conocido, pues empezamos a reunir fracciones de segundos, minutos apenas, y los vamos colando por las grietas que abrimos en el muro de la historia. Y si no hay grieta, bueno, pues a hacerla arañando, mordiendo, pateando, golpeando con manos y cabeza, con el cuerpo entero hasta conseguir hacerle a la historia esa herida que somos".

Si hoy, deciden equipar esas ramitas y piedritas portando una credencial de elector y manchar su dedo con tinta indeleble; si sus jirones de ropa y huesos de barro ahora serán listas interminables de firmas en un registro; si sus horas, días, semanas o meses correrán, desde hoy, a partir de una convocatoria emitida en el INE; si el muro de la historia los espera para abrir esa herida el 3 de junio del 2018; y sus mordidas, patadas y golpes las darán con spots de radio y televisión o mediante debates detrás de un atril en un evento televisado; está bien.

Por una voz en el mundo que nos obligue, desde la trinchera que sea a voltear y sensibilizarnos, abrir los ojos y ver una realidad distinta, obligarnos a respetar lo históricamente ajeno y ver la enormidad de la naturaleza frente a la pequeñez de nuestros mercados bursátiles, bienvenidos.

De lo contrario, si sólo van a hacer una grieta más a la ya mermada posibilidad de derrocar al adversario común, contribuyendo al triunfo de los que ponen las minas, contaminan los ríos o matan a sus pueblos; por anteponer el engañoso cumplimiento de sus anhelos, al llevar a las urnas sus ideales, en realidad, le estarán faltando el respeto a la madre tierra.m

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