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Sábado , 26.05.2018 / 05:47 Hoy

Cartas de América

La imposición como rutina

Jorge Luis Fuentes Carranza

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El maltrato al ciudadano se ha hecho una rutina del gobernante mexicano, quien pretende conocer la verdad y realidad de las necesidades de sus gobernados por medio de grandes proyectos de escritorio sustentados en el interés económico de empresarios depredadores, antes que consultar al directamente implicado.

Lo vimos en la Ciudad de México con el corredor cultural Chapultepec, que por fortuna pudo ser impedido por la buena organización vecinal y el alcance mediático que tuvo, que obligó al gobernante a consultarlos para así conocer su rechazo a ese “gran” proyecto sin sustento social.

Pero el problema se hace más grave cuando se trata de inversiones que implican tierras en comunidades indígenas, por dos motivos: 1) están hechas desde la perspectiva capitalista-desarrollista sin considerar un modelo de desarrollo a partir de la cosmovisión del habitante originario; y, 2) lo hacen usando el engaño contra el indígena que vive la invisibilización ancestral desde la conquista y están en debilidad frente al gobernante.

Esa es la problemática del “Proyecto Turístico Integral Necaxa”, que parte de un incorrecto entendimiento de las necesidades y formas de vida de la población afectada para pretender dotar de desarrollo a comunidades desde un enfoque occidental sin detenerse un momento a saber qué quieren los pobladores de la zona, en este caso, indígenas nahuas de las comunidades de las presas de Tenango y Nexapa pertenecientes a Huauchinango, Puebla.

En Tenango de las Flores, Las Colonias de Hidalgo, Papatlazolco, Papatlatla, Tlalmaya y Xaltepec predominantemente viven campesinos, floricultures y comerciantes cuyo desarrollo comunitario no pasa por ser invadidos de turistas en busca de una zona hotelera, campo de golf, restaurantes, club náutico, malecón o zona comercial, mucho menos en convertirse en empleados de los nuevos dueños de sus tierras quienes sólo los necesitarán para brindar servicios de los que ellos se hagan ricos para que el indígena continúe pobre, pero ahora despojado de sus tierras y su único medio de subsistencia sea cambiar sábanas, servir platos de comida o ser caddies.

Desde septiembre del año pasado se ha conocido del proyecto por filtraciones mediáticas y por la intención de personas relacionadas al secretario de turismo local, Roberto Trauwitz Echeguren de comprar a precios ínfimos terrenos en las comunidades mencionadas a nombre del Banco Estatal de la Tierra, ofreciéndoles a los dueños entre 20 y 60 pesos por metro cuadrado (http://goo.gl/AKdVSx).

¿Cuando en esos terrenos existan los servicios para hacer de la zona el “nuevo” Valle de Bravo, imaginan ustedes cuánto costará el metro cuadrado? Sin duda un negocio redondo.

Para el cual han participado autoridades de los tres niveles de gobierno: el federal con Fondo Nacional de Fomento al Turismo dependiente de la Secretaría de Turismo, la misma secretaría a nivel local, y la complicidad de las autoridades del municipio de Huauchinango que han incluso amenazado a los presidentes de las juntas auxiliares para que colaboren y no participen de las reuniones en donde se organizan los habitantes opositores al proyecto (http://goo.gl/ynyxxi).

Otra comunidad afectada es Cuacuila, también de Huauchinango, sobre la cual pretenden hacer pasar un “ramal” de la autopista México-Tuxpan que llevará directamente a la zona turística. La semana pasada citaron a diferentes propietarios de terrenos que transitará el camino para hacerles firmar los derechos de vía que les permitan continuar con el desarrollo del proyecto, muchos de ellos, gente analfabeta o que incluso tiene el náhuatl como lengua materna. Sin duda un robo en despoblado.

Este tipo de proyectos extractivistas han saqueado a los pueblos de sus riquezas naturales desde el arribo al continente de los españos en cada uno de los países de América Latina, pero ante todo, han desarticulado los lazos sociales que mantenían mediante riquezas culturales milenarias unidos a los habitantes originarios para echarlos a los cinturones de pobreza de las grandes urbes. Es un desacierto pretender que así se construyen las sociedades que el país requiere.

¿Hace falta desarrollo? sí, ¿quienes habitan esas tierras requieren del apoyo de nuestros gobiernos para mejorar sus condiciones de vida? sí.

Pero el Proyecto Turístico de Inversión Necaxa no está pensando en eso, sino en mediante la imposición, despojar a los dueños originarios de una tierra naturalmente rica y orillarlos a trabajar por un par de propinas como ganancia para unos saqueadores inmobiliarios.

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