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Sábado , 21.07.2018 / 01:36 Hoy

Cartas de América

El día que "Earl" despertó a Huauchinango

Jorge Luis Fuentes Carranza

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En Huachi siempre está lloviendo, por eso a nadie extraña un sábado más de lluvia, incluso torrencial.

Una reunión suspendida por la lluvia, un par de árboles caídos del cerro que bloquean uno de los dos carriles del bulevar y una coladera que chorrea agua un metro arriba, apenas llaman la atención.

Poca alerta genera una foto compartida por una vecina en el grupo de Whatsapp de la colonia, en donde un tramo de la calle principal está inundado y nos hace salir de una fiesta para ir a ver a los cachorros de la Gala.

Llegamos y su patio tenía tanta agua que estaba por entrar a su casa, los metemos a la regadera de un baño. Comentamos el frío que pueden estar pasando quienes viven en casas con techo de lámina y paredes de madera, no imaginamos más. Dormimos.

***

Despertamos y entonces sabemos, por los comentarios de Whatsapp, Facebook y Twitter, que #Huauchinango vive una tragedia, es trendingtopic nacional. Veo El Reforma, donde el alcalde sale fotografiado con lodo hasta las rodillas: hay muertos, desaparecidos, caminos bloqueados por tierra y casas venidas abajo por la torrente de los ríos o los aludes de lodo.

Un día te acuestas a dormir en un lugar y a la mañana siguiente es otro. Sin más, sin advertencia. Un atlas de riesgo que no existe en el municipio, una política de protección civil olvidada y una nula comunicación que a pesar de lo mucho que dice, no dijo nada.

Ahora sólo se puede actuar para el después de la tragedia. Que pudo no ser, o ser mucho menor.

***

Unos ayudaron desde la madrugada, mientras dormías, la costumbre de silenciar los mensajes por la noche.

Vamos a hacer algo, ¿qué?, ¿cómo?, ¿quiénes?

Las pláticas van dando las respuestas.

Un amigo de la universidad contacta a mi esposa, su papá es rescatista, vienen para Huauchinango.

Con otros amigos decidimos ir a auxiliar, nos reunimos en el hotel cerrado que antes fue el Sanatorio del Carmen, que construyó mi abuelo y donde muchos huauchinanguenses nacieron.

Ahora dará albergue, también será centro de acopio.

La información fluye por los canales ciudadanos, los institucionales son parcos y confusos. La era de la información permite estar al tanto de lo que pasa igual o más, de lo que están las propias autoridades.

***

Del día después al día siguiente apenas pasó el tiempo, y pasó mucho.

Supimos de las magnitudes del desastre, al menos lo que se sabía:

Xaltepec, una comunidad de Huauchinango había sido evacuada ante el riesgo, había muertos y muchos desaparecidos. Casi desapareció.

Cuacuila y sus caminos, cerrados; casas venidas abajo y personas sin localizar.

Colonias de la ciudad, como la Cumbre, La Mesita, la López Mateos, 5 de octubre, Chapultepec, Monterrey, con grandes afectaciones.

Las mismas: casas arrasadas; familias enteras sin encontrar; cuerpos rescatados, otros no; una niña de dos años… viva.

***

Lo increíble, visitas del gobernador, secretarios de Estado, el mismo Presidente, medios nacionales e internacionales documentando los daños de la tormenta tropical Earl; y la suposición lógica pero inocente que incluso yo tuve: las zonas más afectadas ya están siendo atendidas.

Pero la poca confianza que queda en el ejército al implementar el Plan DN III se desvanece. No es así.

Cuatro pueblos rodean la presa de Nexapa, un área tan espectacular que pretenden expulsar a sus pobladores para hacer ahí un nuevo “Valle de Bravo”, por ahora, los expulsó el agua.

Sin embargo, no todos fueron a los albergues “oficiales”. Tlalmaya, cuyo único daño es la incomunicación, no ha recibido “ayuda”; mientras Papatlatla tiene que alimentar a los soldados con las pocas provisiones que les quedan en el espontáneo comedor comunitario en donde las señoras preparan lo que no se llevó el agua.

Xaltepec, la “zona cero”, tiene albergues en casas a donde llegaron familiares, compadres y vecinos, no se van a Huauchinango porque dejan solos a sus animales de granja, sus cosas, su tierra.

Hasta nuestra visita, nadie les había llevado nada, ya que no existen porque no están en una lista hecha desde la oficialidad de un albergue masivo en Huauchinango.

Y como no están, no existen. Quienes sí existen por estar en el registro, “están bien” y ya no hace falta ayuda, “la tragedia ya pasó”.

Ya que el gobierno tiene que mostrar capacidad ante la catástrofe y no le importa si ésta continúa entre los pobres, ya eran pobres antes de la tormenta. Nada pasó para quienes nunca los ven.

***

Ahora, ellos reconstruirán su casa en la misma tierra, harán un techo con lamina cambiada por un voto o “gracias” a un programa social que les dará un piso de cemento en un monte que se lo tragará.

Al menos así lo ven quienes desean que todo pase para que nada cambie.

Pero la solidaridad del huauchinanguense hará la diferencia. Como lo está haciendo en estos días en donde las cadenas de ayuda ciudadana están sacando la casta.

Y es que el #HuachiPower sólo estaba dormido. Earl lo despertó y estos siete días lo han demostrado con creces, no permitamos que vuelva a dormir.

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