• Regístrate
Estás leyendo: Todos al VAR
Comparte esta noticia

Agua de azar

Todos al VAR

Jorge F. Hernández

Publicidad
Publicidad

Terminado el Mundial de Rusia, al que el VAR (video assistant referee) llegó para quedarse, hay una notable propensión a la verificación en video que rebasa los confines de la cancha futbolera. Hablo de personas que, discreta o indiscretamente, están continuamente verificando en su VAR de bolsillo los temas, nombres y fechas de todo lo que se habla de sobremesa: si uno menciona un poema casi olvidado de Paz o un cuento aparentemente desconocido de Fuentes, el interlocutor, como espía, se encarga de verificar la fecha de publicación, el nombre del libro donde se encuentran e incluso, muestra fotografías de los autores como si uno no los hubiera conocido en persona. En algunas circunstancias, la VARificación de las conversaciones se torna incómoda y uno ya no puede explayarse en adjetivos sin cargar la conciencia con el miedo de ser delatado ya no solo por algo políticamente incorrecto, sino acusado abiertamente de imposturas o inexactitudes que ponen en peligro el antiguo arte de la plática.

Imagino que las VARices de la nueva verificación ponen en evidencia la ridícula conversación en murmullos y la nefanda soberbia de los plagiarios impunes, pero también alerto que la VARificiación de estos tiempos trunca la hermosa palabrería de los fabuladores de siempre: ya no se puede inventar la trama insólita de una película inexistente porque el VARificador en turno se encarga desmentir el encanto de ese guion etéreo y ya no se pueden aumentar párrafos imaginarios al pasaje inolvidable de una novela recreada por la memoria, pues no faltará el árbitro instantáneo que saca su tarjeta amarilla (o roja) encarnada en el telefonito inteligente y se acaba la magia del invento, de la narración literaria inverificable de todo lo inverosímil que nos alegraba la tarde. Así, no hay título que no se verifique al momento ni efeméride que caiga por su propio peso ni remota anécdota o alarde que no quede sujeto al árbitro aledaño.

Por lo mismo, he notado que la señora que finge un resbalón al filo del microbús queda en evidencia en cuanto el pasaje de la nao le aplica la VARificación como una Neymar de Iztapalapa, y el payaso que se queja de un desaire en la fila del banco tiene que resignarse a la cruda aceptación de su impostura en cuanto el cuate que tenía parado a sus espaldas hace el ya universal símbolo de la cuadratura con la que podemos exigir VARa para los incautos, para la pantomima y para todo simulacro. Ya no se vale fingir un cansancio de embarazo, siendo virgen o soltar leves quejidos de escalera en el rincón de un elevador; se acabó la feria de la gambeta en estacionamientos públicos y el dribbling del mercado sobre ruedas; adiós al fuera de juego en la butaca de un cine y bye-bye al regateo con las artesanías.

Quien intente narrar un asalto de cajero sin el auxilio de un VAR queda expuesto a ser considerado un narrador de pacotilla, y toda mujer que quiera enredar un chisme sin el sustento de la pantallita, corre el riesgo peligroso de tergiversar las consecuencias de su lengua viperina sin el auxilio de al menos un pequeño recorte en video de todo lo dicho, y así, hasta la misma forma de impartir justicia en los calabozos municipales y la verborrea de los discursos políticos quedan ahora sujetos al reclamo inmediato del VAR, la cuadrícula del inmenso ojo invisible que lo mira todo y que ve lo que nadie ve, allí donde las arañas hacen su nido y los topos, su guarida.

Queda para la pura nostalgia el ayer en que algo constaba porque el declarante o revolcado convencía con sus gestos o con el buen uso de su palabra a todo interlocutor, y todo constaba porque lo dijo Fulano. Queda para el olvido la propensión al dicho etéreo y a dar por hecho lo imposible; olvidemos el gol que se quedó en la rayita y los 20 centavos que le faltaban al cambio de un taquero, la propina de un mecapalero y los enredos de una afanadora cualquiera. De ahora en adelante, asumamos que estamos expuestos al VAR de la condescendencia nula, ínfima compasión y constante duda… y más de un fabulador deseará que todo vuelva al antiguo cauce del bar donde las servían como las daban, se tomaba como verdad toda mentira y no había vigilantes sigilosos ni en las letrinas más oscuras del vicio.

jorgefe62@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.