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Miércoles , 14.11.2018 / 03:23 Hoy

Agua de azar

Soñar

Jorge F. Hernández

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Ayer, hoy o el próximo domingo, sabemos ya los mexicanos que soñar no cuesta nada y que la filosofía guisante sugiere que soñemos cosas chingonas. Soñamos, pero dice un viejo proverbio coreano: “Atento a la altura del árbol escandinavo, no sea que se haga el sueco y te clave tres en la orquídea”, para lo cual podríamos citar el viejo texto vikingo que reza: “Avecillas verdes en manos de rescatistas coreanos no perecerán en el fiordo”. Lo supieron Cacama y Emilio Portes Gil, lo soñaron a dúo los hermanos Rodríguez y el falsete de Miguel Aceves Mejía, soñamos cosas chingonas y, al despertar, las vivimos… Si tocamos bien el balón y ordenamos bien la línea invisible, el pasecito al hueco, la pared, papá, y el “Cielito lindo”.

Soñamos, y el profe se pone de cuclillas y la grada se tiñe de
miles de tonos verdes, pero el amarillo de la mala suerte se convierte en imbatible en cuanto dejamos de hablarnos entre nosotros, en cuanto se decide tirar y no pasar, tirar y no tocar, y el sueño se vuelve pesadilla. Soñar que la sonrisa de los de siempre ha dejado de ser engañosa, y soñar que, por fin, podremos encarcelar a todos los políticos corruptos que han clasificado a este sexenio como el más ratero en la historia y al Presidente de la República en el peor ejecutivo conocido en cualquier institución: el hombre que soñó convencer con mentir y gobernar sin conocer los nombres de los estados de la Federación, el analfabeta funcional que soñó con ligarse a una diva de telenovela y alentarla a que regañara públicamente al pueblo en dizque defensa del despilfarro descarado y la ominosa sombra del hurto descarado. Soñar, por ejemplo, que los 14 gobernadores de la Selección Nacional con la que pretendían salvar a México no tiene comparación alguna con el rescate coreano a pocas horas de los sismos del pasado año o a los pocos minutos de la eliminación del Mundial.

Soñemos el domingo utópico en que, por obra de magias, huyen del territorio nacional no solo todos los corruptos y rateros que constantemente cumplen sus sueños de manera impune, y que el hijito del generalote se vaya de compritas en el avión presidencial ya para siempre, y que toda el agua se vuelva potable y se multipliquen las cosechas de maíz y aguacate, y soñemos también que el próximo lunes —en un acto de legendaria justicia inédita— los equipos de Suiza o Brasil deciden perder por default a favor del México que sueña y sueña, pero despertemos en algún momento de la fragancia y apuntalemos en la vigilia la lección aprendida: no solo de sueños vive El Chícharo.

Mi Chucky, muñeco diabólico, o el siempre culpable Layún no vuelan solos en este espasmo de nervioleras, donde quedan reprobados por un juego donde no hubo la confianza en sus propias habilidades y se filtró la confusión por intentar jugarle por arriba y en balones largos a los cipreses y pináceas, garrochas y torres eléctricas. Desgano de Vela, que ya sabemos que no le gusta el futbol, y para enfundarse en la bandera de Niños Héroes de Gallardo o Salcedo. ¿Dónde quedó la belleza de Héctor Herrera o la chispa de Guardado? Soñamos todos, pero pocos milagros se cocinaron en el verde colchón de la cancha, y de no ser por la vergonzosa actuación de Alemania, estaríamos ahora mismo en la alcantarilla más desolada de Siberia.

Soñemos la cosa más chingona posible, que ha de ser la que menos imaginamos en el día y despiertos: un atardecer de bugambilias donde alguien informa que se cumple el primer día sin homicidios en el territorio nacional, o el amanecer de huevos a la mexicana donde se anuncia un inédito invaluable de cualesquiera de los grandes poetas y narradores que nos han fertilizado la imaginación, o que inesperadamente haya una voluntad generalizada por limpiar de tanta basura las playas, paisajes y parajes de la vida cotidiana, o que tras ganar otro partido de fútbol se decida apuntalar de veras la labor de los maestros que se desviven por enseñar en las aulas, las mujeres que triunfan paso a paso en un medio machista y desigual, o los niños que no juntaron para el álbum pero salen a jugar con el mismo balón de siempre en cuanto el árbitro pita el supuesto final en una pantalla de televisión, para demostrar entre sus amigos que su sueño es capaz de meter el gol del siglo en un momento milagroso del que jamás quieren despertar. 

jorgefe62@gmail.com

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