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Sábado , 23.06.2018 / 11:45 Hoy

Querida España

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Nørdicalibros ha publicado un abrazo encuadernado titulado Querido México. Es un abrazo ancho y peninsular que llega al desierto del norte y a la selva del sur, a las montañas que tienen nieve y a los cerros morados de atardecer. En particular, para los muertos, damnificados, rescatistas y ciudadanos sacudidos por los sismos del pasado septiembre. Párrafos en páginas de afecto para las casas de adobe en Juchitán y los muros caídos en Puebla, las calles del otrora DeFe alineadas con cientos de manos que pasan agua de potable de brazo en brazo y el espacio intemporal del puño en alto para el silencio de todos.

Oaxaca, Puebla, Chiapas, la gran Ciudad de México y todo el paisaje que nos honra pueden abrir los brazos del corazón y sentir la entrañable solidaridad y el afecto incondicional de la península entera, la piel de toro que se cruza tantas veces el océano mar para multiplicar las palabras y los acentos del idioma que nos une, los sabores de tanto manjar que se mezclan en la espuma de las playas y en la saliva del habla. Es un libro amoroso de tapas rojas ilustrado por 12 artistas de gran altura en torno a 10 breves textos del mismo número de autores que decidieron escribir en tinta de amistad lo mucho que duele México cuando a México le duele algo, y lo mucho que agradecen y engrandecen de México cuando han soñado o viajado por sus múltiples grandezas.

Espido Freire enmarcada en el balcón callado de unas bugambilias moradas, y Sergio del Molino al pie del clon de la Cibeles en la colonia Condesa; Jesús Marchamalo y la secreta cofradía de Jorge Ibargüengoitia tan lejos y tan cerca de Cuévano; el olor del eucalipto y la tinta de Pilar Adón o Marcos Giralt Torrente y la lucha que se comparte contra la amnesia en ambos lados del charco del tiempo, o ese México que lleva tatuado al lado de una lagartija en su brazo la prosa de Rosa Montero. Dice Carlos Pardo —y quizá no sea el único escritor español que lo presienta— que hay días como párrafos en que de veras dan ganas de ser mexicano, y consta en actas que Javier Rodríguez Marcos acostumbra salir a un balcón con barandilla que es balcón desde un rincón soñado de Madrid para mirar no tan lejos el borde más cercano de México, la orilla que todos leemos en la periferia donde supuestamente nos queda lejos ese México que siempre está cerca. Aquí, donde la Catrina de todos los noviembres pasea de la mano de Care Santos o con la correa con la que lleva al parque Marta Sanz… y no caben en estas líneas todos los nombres de los artistas que ilustraron este regalo que alivia el desahucio y agudiza la memoria: que no se nos olvide jamás que no estamos solos, incluso cuando estamos solos. Que no olvide México lo mucho que se piensa en ti desde un Madrid alfombrado de claveles, o lo mucho que se parece a Veracruz la lánguida lucidez de Cádiz, o la estrecha melancolía de los callejones de Sevilla encalados en el espejo de Querétaro, o los siameses que son Toledo y Guanajuato.

Todas las páginas llevan las voces de toda España y deben también servir de acicate para que el abrazo apuntale nuestra propia conciencia, no solo de la prevención constante y el miedo continuo por las oscilaciones impredecibles del subsuelo, sino por los abusos y mentiras de los que nunca faltan en su afán por aprovecharse de las calamidades y desviar la atención de la tragedia con noticias falsas o desviar el destino de los donativos con falsas despensas. Querido México es un librito como verso de cariño, como aliento y respiración; es una pequeña joya de bisutería sincera y es un pretexto para devolver amores y gracias. Gracias, querida España, en toda la música que compartimos, canto y lectura; gracias por tantos nombres que llevamos en la memoria y tanto molino de viento que nos decora la imaginación compartida. Gracias por extender la mano sobre el espejo donde en otras épocas ha sido al revés o compartida la hermandad por encima de politiquerías, polvo y pólvora. Gracias por escribir en voz de un coro, la multitud de voces que preguntan incluso hasta el día de hoy cómo están los damnificados anónimos, los edificios heridos de grietas, los niños sin escuela o en aulas tembleques; gracias por evocar el cantadito con el que se habla lejos del ceceo y las o los zetas, y gracias por enviarnos un libro que se abre según el tamaño de las espaldas que, juntas, levantan las mejores caras de un país imbatible aunque endeble, milenario y recién nacido, tan lleno de vida con la calavera hecha de azúcar. Querida España, que nos regalas tantas páginas y recibes siempre con alfombras de claveles las muchas palabras que salen de la equis que llevamos en la frente los que sabemos y agradecemos lo mucho que nos quieres. Por ser mutuo.

jorgefe62@gmail.com

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