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Lunes , 12.11.2018 / 23:54 Hoy

Agua de azar

Parece ficción

Jorge F. Hernández

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Toma la palabra Juan Valdivia, poniéndose de pie: “¡Compañeros! —en sus tiempos de estudiante había sido campeón de oratoria en Celaya— Nos hemos reunido aquí, adustos, expectantes, dolidos, para deliberar la actitud a tomar, la palabra a creer, el camino a seguir, en estos momentos de transición violenta en que la Patria (…) contempla un porvenir nebuloso, poblado de fantasmas apocalípticos… —etcétera, etcétera”.

Se cierra el libro de Jorge Ibargüengoitia y alguien pone en la televisión El ángel exterminador, de Luis Buñuel, justo en la escena en la que unos fantoches de la alta burguesía mexicana se lamentan repetidas veces de la podredumbre social en la que ellos mismos se han embadurnado, revolcados en la mugre de sus propios delirios como tocata barroca, la piel embarrada de miel, la ira subcutánea que se vuelve respingo instantáneo, todos encerrados en la sala de candelabros, mientras en la cocina el mayordomo y las mucamas, el cocinero y los pinches se echan tragos a pico de botella, a punto de salir huyendo de la casona embrujada, para que se queden encerrados todos los necios, a la sombra de un oso que huele el antojo apetitoso de una pequeña manada de ovejas.

Apague usted el televisor y escuche el parlamento que baja desde las azoteas, donde una sirvienta acaba de reventar un jabón Zote en el cráneo de su albañil infiel, y la gorda de los tamales sugiere que todos se den la mano en una onda de amor y paz. En eso, entra el oso de la

película por la escalera de lámina de la azotea y una parvada de palomas petaconas improvisa un armonioso vuelo publicitario que forma con sus plumas el logotipo del Tribunal Electoral. Alguien ha vuelto a poner el televisor y el espectador incauto no puede imaginar que las escenas que se proyectan a todo color y en vivo sean reflejo de la realidad: dementes desatados denostándose decididamente; parece ficción que no sean capaces de responder a una sola pregunta de manera clara y directa, o que los propios interlocutores se enreden en reclamos e histrionismos absolutamente irracionales, y entre la prosa de Ibargüengoitia y el guión de Buñuel el de la botana se queda con el pendiente de ponderar cuál es la vera medida verificable de la estulticia, el termómetro de la corrupción en potencia, la validez de las propuestas huecas, el peso atómico de las mentiritas, el histrionismo simulado de las preguntas supuestamente espontáneas del público y el pésimo sabor de boca que deja en el paladar y base del cerebro la tertulia delirante con la que supuestamente se forma un criterio electoral.

Abra entonces por azar las páginas ilustradas de la Picardía mexicana de Armando Jiménez y detenga su mirada en los pasajes que ilustran el bello arte del albur mexicano o la lírica quisquillosa del Ánima de Sayula, y recite con la ayuda de la yema del índice los párrafos que reflejan y refractan los monigotes que desfilaban hace apenas unos minutos por la pantalla ahora negra. Aumente la dosis de su catarsis con la búsqueda en internet de las mejores escenas de Los Polivoces, Ensalada de locos y ¿por qué no?, Los Beverly de Peralvillo, para luego invitar a los vecinos a un ameno convivio que podría incluir el bello arte del karaoke con canciones demenciales de Chicho Che y la Crisis, Los Xochimilcas y ese dueto tan melodramáticamente hipnótico que se llamaba en escenarios Carmela y Rafael. Agreguemos algunas coreografías del antiguo Ballet de Milton Ghio y la Danza del Venado en genial interpretación del Ballet Folclórico de Amalia Hernández, confeti por toneladas, chinampinas adornadas, chirimías a pierna suelta, teponaxtles al unísono, La Mano Peluda, La criada bien criada, Don Facundo y sus ratitas, el recuerdo intacto del Chupacabras y toda la ilusión que le tenemos al Tri en el ya muy próximo Mundial de Futbol… y verá que efectivamente todo el carnaval que nos rodea en estos días no es más que un remolino alucinante de una realidad enloquecida que parece no más que ficción.

jorgefe62@gmail.com

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