• Regístrate
Estás leyendo: Otear
Comparte esta noticia
Lunes , 22.10.2018 / 08:11 Hoy

Agua de azar

Otear

Jorge F. Hernández

Publicidad
Publicidad

Que alguien me informe si las jirafas barritan como elefantes, gruñen como los osos y cerdos o braman como los búfalos. Quisiera saber si las jirafas se ríen como las hienas o balan como ovejas, ¿será que silba como marmota o rebuzna como el asno?

En el hipotético caso —no tan improbable— de que pudiera dialogar con alguna jirafa quiero aclarar que lo haría con el fin de pedirle otear la realidad que no entiendo; es decir, mirar desde arriba —con minuciosa observación desde su prodigiosa altura— lo que no puedo hacer con un dron (pues no sé manejarlo y, además, no tengo) y lo que la miopía tatuada ya en mis gafas me impide.

Desde su estatura bicolor, la jirafa podría ayudar en una posible explicación de tanta sinrazón y necedad. Por ejemplo, cómo distinguir o definir la retahíla de aplausos que se suceden mecánicamente como pausas en discursos huecos de políticos nefandos, o cómo no contagiarse con el falso optimismo de las cifras maquilladas con las que cualesquier arlequín puede desinformar a un auditorio sordo o a todo un país distraído en otras tareas, mientras la vista desde las ramas de los árboles demuestra que vivimos en una nación donde cada vez más son preocupantes las cifras de pobreza, desequilibrio, delincuencia y despotismo.

La jirafa podría enunciar —ya himplando, como pantera o maullando como los tigres— la verdadera dimensión de las mentiras que, aquí abajo, no parecen tales. Que la jirafa musite como los ratones la descarada desvergüenza de los funcionarios públicos que se creen intocables, los escritores que solo se han dedicado al plagio sin visos de castigo alguno y los empresarios que trastocan sus balances financieros para fincar mejor los abusos en los precios de sus negocios. Bien visto, la jirafa podría mugir como vaca o chillar como conejo en torno a las falsas aceptaciones de culpas antes exoneraciones trucadas o los fingidos golpes de pecho en el gran teatro de la nación o el vecindario. Desde el imperio de su mirada, entre mordiscos de hojas sueltas, la jirafa podría relinchar como corcel, berrear como becerro, rugir como león o susurrar como conciencia callada, moteada su piel amarilla y naranja, marrón y ocre como un telón de afectos variados, todos los secretos que aliviarían la adrenalina de la incertidumbre.

Quizá solo sea la jirafa el majestuoso animal —tan bizarro y tan raro de ver, más ahora que ya no cabalgan en los circos y su próxima desaparición de los zoológicos— capaz de entender lo incomprensible, la injustificable tautología del optimismo en medio de tantas convencidas señales que justifican cualquier pesimismo o mejor aún, quizá solo sea la jirafa el único animal que se salva en este inmenso parque donde una inmensa mayoría de bípedos implumes, cuadrúpedos con fuero, insectos con micrófono, bacterias con pluma fuente, batracios maquillados, homínidos despeinados, trogloditas monosilábicos, primates engominados, equinos inclasificables, porcinos a dieta, gallinas a sueldo y gallos desplumados... obnubilados por una invisible cortina de silencios impuestos, censuras sutiles, despidos injustificados y llamamientos a la austeridad ajena (mientras no se altere la opulencia propia).

Por ai'viene la jirafa con su tranco largo, con su alargado cuello dispuesto a otear desde arriba, cerca de las nubes, lo que aquí abajo no se ve con claridad quizá por el polvo o la pobreza que enfanga muchos de los buenos propósitos o los largos párrafos de las propuestas políticas. De no lograrse esa claridad, quizá tengamos que recurrir nuevamente a los topos, sus túneles enterrados, las alcantarillas donde cantan las ratas y demás laberintos subterráneos donde, al parecer, se explican claramente las raíces de nuestra enrevesada realidad.


jorgefe62@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.