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Domingo , 09.12.2018 / 20:38 Hoy

Agua de azar

La vana cara

Jorge F. Hernández

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La mejor manera de plantarle cara a la vana cara del fascismo resucitado en las ínfulas y abusos de Trump es sumarnos —de cualesquiera maneras— a la Caravana que ahora pasa por México. Que se sienta y escuche el rumor incesante de miles de personas que huyen de sus nidos, no por la precaria ilusión del sueño americano, sino huyendo de los horrores, desgracias y desigualdades que el propio gran soñador americano ha arrebatado a sus lares, materias primas, paisajes en repetidos abusos y golpes de Estado y ascos y desprecios que, de paso por México, deberían recordarnos la amnesia clasista y el ninguneo racial con el que habíamos anclado nuestra vista hacia la Frontera Sur. Que la Caravana Mayúscula sirva para entender mejor el espejo de maltrato y la pinchadura de las púas que hemos izado como muro, renegando siempre del pretendido Muro del Norte; que los mexicanos se enteren de algo más que la mera Concacaf cuando se hable de Honduras o se visite la desolación cíclica de El Salvador y el terror ya instalado en Nicaragua.

Llevábamos lustros sin entender del todo el trayecto de un tren llamado Bestia que surcaba la selva y supimos de heroicos esfuerzos humanitarios por aliviar el hambre y desesperación de los millones de migrantes trepados a un tren que inexplicablemente aceleraba sobre las vías como si no llevara sobre sus lomos la desesperada voluntad de miles de seres humanos en busca de una vida. Con la falsa crueldad con la que animales como Donald J. Trump se ha referido al alud de migrantes o con el peligroso desprecio con el que Bolsonaro se refiere a los indígenas del Amazonas (tanto como los neofascistas italianos, alemanes, españoles o franceses que se asquean ante las pateras africanas que naufragan en el Mediterráneo), todos a una han querido calificar de criminales o incluso terroristas a una inmensa oleada de seres humanos cuyo supuesto delito es no tener papeles.

Propongo que la Caravana crezca con quienes puedan unirse con visa de turista y tarjetas de crédito, no para inundar los hoteles de Trump en Atlantic City, sino para ecumenizar una merecida protesta en plena Casa Blanca; llegar hasta el Capitolio y rodear el obelisco de Washington en masa: millones de mujeres que no tienen por qué seguir soportando la nefanda cultura de ser agarradas por su pussy con las garras abominables de falsos beatos, millones de víctimas de constante abuso y millones de migrantes que somos todos los que precisamente nos movemos para huir, marchamos para evadir u olvidar los crucigramas de diversas formas del horror, desempleo, desamparo y desmadre.

Ya era hora de que México y millones de mexicanos vieran en carne propia la desventura y desgracia del prójimo, volver a trazar el mapa del sureste tropical, recordar que hay por lo menos cinco municipios en Chiapas que llevan un cronómetro diferente al del antiguo DF o bien el río Suchiate como cicatriz abierta y no solo línea punteada en el mapa de las papelerías. Ya era hora de que los mexicanos viéramos en el espejo el confundido desdén con el que hacemos la vista gorda ante comunidades indígenas, extranjeros que no sean de la civilizada Unión Europea y demás blanquitos y por ende, quizá también ya va siendo hora de que miles de mexicanos caigamos en la equivocada cuenta de que cada vez que avalamos los chistes o políticas xenófobas de los vecinos y de los contertulios adquirimos una callada complicidad que se asemeja a la hipócrita visita anual a las montañas de Vail para esquiar la hermosa vida como suizos y cada vez que asediamos los centros comerciales del supuesto primer mundo para comprar ropa y artilugios que, de hecho, ya se pueden adquirir aquí mismo u on-line y ya era hora de que una inmensa caravana anónima nos recordara con su lento paso doloroso el calvario multitudinario de quienes realmente anhelan la transformación prometida y no merecen ver en los quioscos las hipócritas fotografías sonrientes de los líderes en suntuosas bodas de pacotilla, abracitos coquetos al bebé de un delincuente en potencia o las ya sabidas sonrisitas siniestras de los gobernadores presos, las lideresas sin maquillaje y los sicarios de todos los días.

jorgefe62@gmail.com

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